por Jamadier Esteban Uribe Muñoz
Porque fuiste sólo un hombre
susurraste la humanidad parida
en camino polvoriento
de rostro indigente,
de campesino triste,
de enfermo moribundo,
de pecho sin leche,
de niño con ansias.
Y porque fuiste el susurro también
en barrial de anhelo
de selva húmeda
con horizontes
cargados de balas,
es que la muerte
te acarició la mejilla
mientras caímos (todos)
con tu cuerpo acribillado.
26 de septiembre del 2009, Valparaíso, (Chile), América Latina.
Link de Descarga: La Metonimia del Che, por Jamadier Esteban Uribe Muñoz
sábado, 26 de septiembre de 2009
miércoles, 16 de septiembre de 2009
La gripe porcina como dispositivo de control
Creo que nadie se escapó en su momento de la supuesta “pandemia” que habría sido le gripe porcina (que podemos llamar también por su nombre técnico: “Influenza Humana A H1N1”). Aunque algunos no nos hayamos enfermado, por suerte, pareciera ser que esa no era la única extensión de esta enfermedad “peligrosa”; sino que podríamos hablar de una dimensión discursiva presente en esta enfermedad, que se nos presenta como mecanismo de control y una clara representación de la relación entre saber/poder que dilucidó Foucault. Por lo mismo, vemos una segunda intensión en el discurso de la “Influenza Humana A H1N1”; un claro mecanismo de control y de poder.
Los Carteles del Mal
Pero por supuesto que aquel discurso debe presentarse de tal manera que nos invada constantemente, haciéndose presente en todo momento, con tal de ejercer una mayor influencia sobre los sujetos. Pero la televisión y la radio no son suficientes, ya que podemos apagarlo cuando queramos, por lo que se necesitaría un medio que no tuviésemos más opción sino mirar; necesitan una audiencia cautiva. Y nada mejor que el uso de los espacios públicos como para eso; los patios de las universidades y colegios, las portadas de los diarios y revistas en los kioscos, entre muchas otras maneras de captar la atención de los sujetos sin darles opción.
En esta oportunidad trataremos los carteles que rondan los muros de la PUCV, y que aportan sin duda al objetivo principal de esta supuesta enfermedad, el control de los sujetos. Trataremos de desenterrar los discursos que se esconden tras estas imágenes y palabras, para así fundamentar el rol modulador de subjetividad que tienen estos carteles, que podrían parecer inocentes y bien intencionados, pero que sabemos que en el fondo responden a interés político-económicos determinados.
Influenza Humana A H1N1 ¿Cuáles son sus síntomas?
Partamos con lo primero, ¿Cómo es que se presenta tan peligrosa enfermedad como la gripe porcina? Es fundamental delimitar la manera en que se presenta, intentando ser lo más claro posible, porque así las personas son capaces de identificar la presencia de la enfermedad; pero también es fundamental ser lo suficientemente ambiguo como para que esa presencia sea detectable en cualquier parte y bajo cualquier circunstancia. Es por eso que vemos cómo los síntomas de la “Influenza Humana A H1N1” podrían corresponder a cualquier enfermedad viral, como un resfrío, por ejemplo. Los síntomas son claros, por lo que los sujetos sabemos cómo se presenta, pero la claridad se desvanece frente a la multiplicidad de enfermedades que podrían presentar esos mismos síntomas. De esta manera, la existencia de fiebre superior a 83° (espontánea y continua), tos y dolor de garganta, congestión nasal y dolores de cabeza y musculares, se nos presentan como claros signos de esta grave enfermedad, pero nos cuesta ver que son muchas las enfermedades que presentan estos mismos síntomas.
Uno podría preguntarse entonces, ¿De qué sirve plantear los síntomas de esta grave enfermedad de esta manera? Y es una respuesta que intentaremos dar más adelante. Pero por ahora nos conformamos con decir que es el primer paso para lograr un control efectivo de los sujetos, de, valga la redundancia, sujetarlos a sus intenciones.
Pero claro está que no queda en eso, y ahora podemos divisar parte de esas intenciones. Existe todo un aparataje que avala el contenido del cartel. En primer lugar, la Universidad. Encontramos el logo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en la parte de debajo de los carteles, lo que nos podría decir varias cosas. Primero, que “nuestra” universidad se preocupa por nosotros, no nos tiene votados, sino que intenta que estemos bien y felices. Siguiendo con esta lógica, deberíamos sentirnos agradecidos con nuestra universidad que quiere evitar que nos enfermemos y que vela por nuestro bienestar. Entonces, podemos ver como intenta someter nuestras voluntades a la de la universidad, en vista de que todas sus decisiones serían tomadas pensando en nuestro “bienestar”. Por otro lado, la presencia de la universidad en estos carteles también busca darle seriedad al asunto, ya que se encuentra respaldado por una institución seria, que no va a mentir, sino que trata todo con profesionalidad. De esta forma, el discurso adquiere seriedad y veracidad, ya que la institución universitaria, seria, científica y profesional lo respalda.
“Si presentas estos síntomas dirígete a un Centro de Salud. Comunícate al Fono Salud: 600 360 77 77.” Esto también tiene serias implicancias. En primer lugar, también sirve para avalar el discurso presentado por los carteles, ya que no sólo existe una institución seria y científica detrás de todo esto (como lo es la universidad), sino que también podemos encontrar a instituciones médicas (Centros de Salud) que se dedican específicamente al tema, por lo que si lo dicen ellos, los mismos doctores y las personas que trabajan en “ayudarnos”, debe ser cierto. Por otra parte, encontramos en esto una alusión directa al poder político, representado por el ministerio de salud, y que cumple un rol muy parecido al que cumple la presencia de la Universidad: convencernos de que el gobierno busca lo mejor para nosotros y que todas las acciones que lleva a cabo son para nuestro bien. Hacernos sujetos sumisos ante el poder del estado.
Por último, en referencia a este tema, podemos hablar del nombre: Influenza Humana A H1N1. ¿Por qué ya no gripe porcina? La respuesta es bastante simple. Al hablar de “gripe porcina” nos hacemos la idea de que es algo lejano a nosotros, ya que tiene su origen en los cerdos, de esta manera, llegamos a pensar que sólo afecta a los chanchos y que las personas afectadas son casos excepcionales, y que si estamos lejos de lo porcino no tendríamos problemas. Pero el pensar eso se contrapone a las intenciones del poder económico-político detrás de este discurso, por lo que se cambia el nombre; ya no es gripe porcina, ya no hace alusión a algo lejano, a lo cerdil, sino que se llama Influenza Humana A H1N1. Es decir, es algo que se encuentra muy cerca de nosotros, ya que es una influenza, enfermedad común que no es difícil de contraer y con la que nos podemos encontrar a lo largo de todo el año. Pero no es solo eso, sino que es una Influenza Humana, ya no más una gripe porcina, sino que es algo que nos afecta a nosotros de cerca, y que tenemos muy altas probabilidades de pegarnos. Y “A H1N1” como parte del discurso científico que certifica la existencia de la enfermedad como un peligro real y cercano (nadie sabe qué significa, pero debe ser algo importante, serio y de científicos).
Lo ideal es que lleguemos a ver esta gripe en todos lados, de todas formas, y que confiemos en que las grandes instituciones educacionales y políticas nos dicen lo correcto y lo que tenemos que hacer para salvarnos.
Influencia Humana A H1N1 ¿Cómo prevenir?
Ahora viene la segunda parte de los carteles, y en la que podemos divisar de manera un poco más clara las intenciones de quienes se encuentran detrás de todo esto. Vamos por parte.
“Al toser o estornudar usa un pañuelo desechable o papel higiénico y luego arrójalo al basurero.” Esta frase tiene claras implicancias económicas. Cada vez que un sujeto tosa o estornude tiene que tener pañuelos desechables (o papel higiénico) a mano, es decir, que no puedo NO tener pañuelos porque si estoy enfermo no debo contagiar a los demás, a la vez que si alguien tose o estornuda debo tener para darle y que no nos enfermemos quienes no estamos enfermos. Por lo mismo, hay que comprar pañuelos desechables y papel higiénico por montones, en vista de que son absoluta y completamente fundamentales para nuestra salud y bienestar. Por otro lado, es interesante ver qué sucede si alguien no tiene pañuelos, ya que entonces no nos podemos acercar en vista de que nos podemos enfermar, por lo que se genera un potente control de los cuerpos de los sujetos, logrando mantener una fuerte distancia entre ellos.
Algo relacionado con esto último podemos desprender del segundo punto: “Si al momento de toser no tienes pañuelo (Dios no lo permita), cúbrete con el antebrazo y nunca lo hagas con las manos”. Otra manera de mantener el control de los espacios y del cuerpo de los sujetos, otra forma de hacer que nosotros hagamos lo que quieran que hagamos y que nos mantengamos ocupados con nosotros mismos, para que ellos ejerzan su influencia en nosotros tranquilamente.
Luego, “lávate las manos con agua y jabón frecuentemente, o desinféctalas con alcohol gel”. Otra manera de controlar nuestros cuerpos, de hacer que nos concibamos tal y como se espera que nos concibamos, que hagamos caso sin pensarlo a lo que nos dicen de nosotros mismos y no cuestionar su autoridad. Lo más interesante de todo esto es el énfasis que se le da, porque no dice “cuando estornudes…” sino que simplemente “lávate las manos”, o sea, constantemente, siempre, tienes que estar completamente pendiente de tu cuerpo y de ti mismo. Y por otra parte, vemos otro elemento de interés económico, haciendo referencia al alcohol gel, que debes siempre tener a mano, ya que tienes que tenerlas siempre limpias, por lo que debes comprar por montones para que no se acabe, y si se acaba, no te preocupes, porque tu querida universidad ha comprado y tiene a tu disposición en los pasillos.
Por último, “no te automediques”. Es un elemento fundamental, ya que vuelve a hacer referencia a nuestra constitución como sujetos. Nosotros no estamos en condiciones de cuidarnos a nosotros mismos, sino que debemos dejar que aquel que está preparado para hacerlo lo haga: el doctor. Pero eso tiene fuertes implicancias, ya que nos ponemos a las manos de otras personas, que nos dicen cómo debemos concebir nuestro cuerpo y nuestro vivir, qué hacer, qué no hacer; ya no depende de nosotros, sino que de este otro. De esta forma se ejerce un poder potentísimo sobre los sujetos, que no tenemos opción más que someternos a la estructura político-económica y al la imagen de nosotros mismos que ellos conciben. Debemos ser sumisos, debemos acudir al centro de salud, debemos ver al doctor, debemos dejar que ellos nos digan que hacer, debemos, conscientemente, abandonarnos en las manos de estas personas que se encuentran más capacitadas que nosotros mismos para decirnos que nos conviene.
En fin…
De esta manera, podemos ver uno de los mecanismos más potentes a través de los cuales se busca un control de los sujetos, la medicina. Y como se adueñan de nuestros espacios públicos para convencernos de lo que tenemos que hacer, de lo que es real y de lo que es falso, de lo que es bueno y de lo que es malo; en definitiva, de cómo existir.
Es nuestro papel subvertir esta normalización continua bajo la cual nos encontramos sometidos. El problema es cómo lo hacemos.
Link de Descarga: La gripe porcina como dispositivo de control, de Pablo Johnson
Los Carteles del Mal
Pero por supuesto que aquel discurso debe presentarse de tal manera que nos invada constantemente, haciéndose presente en todo momento, con tal de ejercer una mayor influencia sobre los sujetos. Pero la televisión y la radio no son suficientes, ya que podemos apagarlo cuando queramos, por lo que se necesitaría un medio que no tuviésemos más opción sino mirar; necesitan una audiencia cautiva. Y nada mejor que el uso de los espacios públicos como para eso; los patios de las universidades y colegios, las portadas de los diarios y revistas en los kioscos, entre muchas otras maneras de captar la atención de los sujetos sin darles opción.
En esta oportunidad trataremos los carteles que rondan los muros de la PUCV, y que aportan sin duda al objetivo principal de esta supuesta enfermedad, el control de los sujetos. Trataremos de desenterrar los discursos que se esconden tras estas imágenes y palabras, para así fundamentar el rol modulador de subjetividad que tienen estos carteles, que podrían parecer inocentes y bien intencionados, pero que sabemos que en el fondo responden a interés político-económicos determinados.
Influenza Humana A H1N1 ¿Cuáles son sus síntomas?
Partamos con lo primero, ¿Cómo es que se presenta tan peligrosa enfermedad como la gripe porcina? Es fundamental delimitar la manera en que se presenta, intentando ser lo más claro posible, porque así las personas son capaces de identificar la presencia de la enfermedad; pero también es fundamental ser lo suficientemente ambiguo como para que esa presencia sea detectable en cualquier parte y bajo cualquier circunstancia. Es por eso que vemos cómo los síntomas de la “Influenza Humana A H1N1” podrían corresponder a cualquier enfermedad viral, como un resfrío, por ejemplo. Los síntomas son claros, por lo que los sujetos sabemos cómo se presenta, pero la claridad se desvanece frente a la multiplicidad de enfermedades que podrían presentar esos mismos síntomas. De esta manera, la existencia de fiebre superior a 83° (espontánea y continua), tos y dolor de garganta, congestión nasal y dolores de cabeza y musculares, se nos presentan como claros signos de esta grave enfermedad, pero nos cuesta ver que son muchas las enfermedades que presentan estos mismos síntomas.Uno podría preguntarse entonces, ¿De qué sirve plantear los síntomas de esta grave enfermedad de esta manera? Y es una respuesta que intentaremos dar más adelante. Pero por ahora nos conformamos con decir que es el primer paso para lograr un control efectivo de los sujetos, de, valga la redundancia, sujetarlos a sus intenciones.
Pero claro está que no queda en eso, y ahora podemos divisar parte de esas intenciones. Existe todo un aparataje que avala el contenido del cartel. En primer lugar, la Universidad. Encontramos el logo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en la parte de debajo de los carteles, lo que nos podría decir varias cosas. Primero, que “nuestra” universidad se preocupa por nosotros, no nos tiene votados, sino que intenta que estemos bien y felices. Siguiendo con esta lógica, deberíamos sentirnos agradecidos con nuestra universidad que quiere evitar que nos enfermemos y que vela por nuestro bienestar. Entonces, podemos ver como intenta someter nuestras voluntades a la de la universidad, en vista de que todas sus decisiones serían tomadas pensando en nuestro “bienestar”. Por otro lado, la presencia de la universidad en estos carteles también busca darle seriedad al asunto, ya que se encuentra respaldado por una institución seria, que no va a mentir, sino que trata todo con profesionalidad. De esta forma, el discurso adquiere seriedad y veracidad, ya que la institución universitaria, seria, científica y profesional lo respalda.
“Si presentas estos síntomas dirígete a un Centro de Salud. Comunícate al Fono Salud: 600 360 77 77.” Esto también tiene serias implicancias. En primer lugar, también sirve para avalar el discurso presentado por los carteles, ya que no sólo existe una institución seria y científica detrás de todo esto (como lo es la universidad), sino que también podemos encontrar a instituciones médicas (Centros de Salud) que se dedican específicamente al tema, por lo que si lo dicen ellos, los mismos doctores y las personas que trabajan en “ayudarnos”, debe ser cierto. Por otra parte, encontramos en esto una alusión directa al poder político, representado por el ministerio de salud, y que cumple un rol muy parecido al que cumple la presencia de la Universidad: convencernos de que el gobierno busca lo mejor para nosotros y que todas las acciones que lleva a cabo son para nuestro bien. Hacernos sujetos sumisos ante el poder del estado.
Por último, en referencia a este tema, podemos hablar del nombre: Influenza Humana A H1N1. ¿Por qué ya no gripe porcina? La respuesta es bastante simple. Al hablar de “gripe porcina” nos hacemos la idea de que es algo lejano a nosotros, ya que tiene su origen en los cerdos, de esta manera, llegamos a pensar que sólo afecta a los chanchos y que las personas afectadas son casos excepcionales, y que si estamos lejos de lo porcino no tendríamos problemas. Pero el pensar eso se contrapone a las intenciones del poder económico-político detrás de este discurso, por lo que se cambia el nombre; ya no es gripe porcina, ya no hace alusión a algo lejano, a lo cerdil, sino que se llama Influenza Humana A H1N1. Es decir, es algo que se encuentra muy cerca de nosotros, ya que es una influenza, enfermedad común que no es difícil de contraer y con la que nos podemos encontrar a lo largo de todo el año. Pero no es solo eso, sino que es una Influenza Humana, ya no más una gripe porcina, sino que es algo que nos afecta a nosotros de cerca, y que tenemos muy altas probabilidades de pegarnos. Y “A H1N1” como parte del discurso científico que certifica la existencia de la enfermedad como un peligro real y cercano (nadie sabe qué significa, pero debe ser algo importante, serio y de científicos).
Lo ideal es que lleguemos a ver esta gripe en todos lados, de todas formas, y que confiemos en que las grandes instituciones educacionales y políticas nos dicen lo correcto y lo que tenemos que hacer para salvarnos.
Influencia Humana A H1N1 ¿Cómo prevenir?
Ahora viene la segunda parte de los carteles, y en la que podemos divisar de manera un poco más clara las intenciones de quienes se encuentran detrás de todo esto. Vamos por parte.“Al toser o estornudar usa un pañuelo desechable o papel higiénico y luego arrójalo al basurero.” Esta frase tiene claras implicancias económicas. Cada vez que un sujeto tosa o estornude tiene que tener pañuelos desechables (o papel higiénico) a mano, es decir, que no puedo NO tener pañuelos porque si estoy enfermo no debo contagiar a los demás, a la vez que si alguien tose o estornuda debo tener para darle y que no nos enfermemos quienes no estamos enfermos. Por lo mismo, hay que comprar pañuelos desechables y papel higiénico por montones, en vista de que son absoluta y completamente fundamentales para nuestra salud y bienestar. Por otro lado, es interesante ver qué sucede si alguien no tiene pañuelos, ya que entonces no nos podemos acercar en vista de que nos podemos enfermar, por lo que se genera un potente control de los cuerpos de los sujetos, logrando mantener una fuerte distancia entre ellos.
Algo relacionado con esto último podemos desprender del segundo punto: “Si al momento de toser no tienes pañuelo (Dios no lo permita), cúbrete con el antebrazo y nunca lo hagas con las manos”. Otra manera de mantener el control de los espacios y del cuerpo de los sujetos, otra forma de hacer que nosotros hagamos lo que quieran que hagamos y que nos mantengamos ocupados con nosotros mismos, para que ellos ejerzan su influencia en nosotros tranquilamente.
Luego, “lávate las manos con agua y jabón frecuentemente, o desinféctalas con alcohol gel”. Otra manera de controlar nuestros cuerpos, de hacer que nos concibamos tal y como se espera que nos concibamos, que hagamos caso sin pensarlo a lo que nos dicen de nosotros mismos y no cuestionar su autoridad. Lo más interesante de todo esto es el énfasis que se le da, porque no dice “cuando estornudes…” sino que simplemente “lávate las manos”, o sea, constantemente, siempre, tienes que estar completamente pendiente de tu cuerpo y de ti mismo. Y por otra parte, vemos otro elemento de interés económico, haciendo referencia al alcohol gel, que debes siempre tener a mano, ya que tienes que tenerlas siempre limpias, por lo que debes comprar por montones para que no se acabe, y si se acaba, no te preocupes, porque tu querida universidad ha comprado y tiene a tu disposición en los pasillos.
Por último, “no te automediques”. Es un elemento fundamental, ya que vuelve a hacer referencia a nuestra constitución como sujetos. Nosotros no estamos en condiciones de cuidarnos a nosotros mismos, sino que debemos dejar que aquel que está preparado para hacerlo lo haga: el doctor. Pero eso tiene fuertes implicancias, ya que nos ponemos a las manos de otras personas, que nos dicen cómo debemos concebir nuestro cuerpo y nuestro vivir, qué hacer, qué no hacer; ya no depende de nosotros, sino que de este otro. De esta forma se ejerce un poder potentísimo sobre los sujetos, que no tenemos opción más que someternos a la estructura político-económica y al la imagen de nosotros mismos que ellos conciben. Debemos ser sumisos, debemos acudir al centro de salud, debemos ver al doctor, debemos dejar que ellos nos digan que hacer, debemos, conscientemente, abandonarnos en las manos de estas personas que se encuentran más capacitadas que nosotros mismos para decirnos que nos conviene.
En fin…
De esta manera, podemos ver uno de los mecanismos más potentes a través de los cuales se busca un control de los sujetos, la medicina. Y como se adueñan de nuestros espacios públicos para convencernos de lo que tenemos que hacer, de lo que es real y de lo que es falso, de lo que es bueno y de lo que es malo; en definitiva, de cómo existir.
Es nuestro papel subvertir esta normalización continua bajo la cual nos encontramos sometidos. El problema es cómo lo hacemos.
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Filosofía,
Política,
Psicología
sábado, 12 de septiembre de 2009
Para Ella
por Josemaría Naranjo C.
¿Y si el amor sólo fuera una “gastritis” del alma?
Entonces nunca tomaría Viadil o pastillas de carbón.
Adoro estar confundido. Sin saber dónde esta el norte.
Dónde quedan mis pies y dónde deberían estar mi cabeza.
Sin amor mi existencia sería como un cigarrillo sano. Una paya sin rima. Una iglesia sin Dios. Una vida sin muerte.
¿Cuál sería la gracia? ¡Ninguna!
Desafío a quien no crea en el amor, lo reto a un duelo a muerte.
Estoy tan seguro que ganaría, que le daría a mi adversario un golpe de ventaja....adelante.... ¡Hazlo!
Acaba con este loco...
Las mayores hazañas (a.k.a. Estupideces) se han hecho por amor. No digo que esto sea malo.
Es mejor hacer algo a no hacer nada. Tan simple como eso.
El sol me indica que estas pensando en mí.
De lo contrario, ¿por qué se molestaría en su rostro mostrar?
Sospecho que el amor no está aquí sólo para dar sin recibir. Vino, desgraciadamente, junto a él su primo feo y nos arruinó la fiesta en el Edén.
No hay premio sin sacrificio. No hay vida sin dolor.
No hay amor sin odio.
Link de Descarga: Para Ella, Josemaría Naranjo C.
¿Y si el amor sólo fuera una “gastritis” del alma?
Entonces nunca tomaría Viadil o pastillas de carbón.
Adoro estar confundido. Sin saber dónde esta el norte.
Dónde quedan mis pies y dónde deberían estar mi cabeza.
Sin amor mi existencia sería como un cigarrillo sano. Una paya sin rima. Una iglesia sin Dios. Una vida sin muerte.
¿Cuál sería la gracia? ¡Ninguna!
Desafío a quien no crea en el amor, lo reto a un duelo a muerte.
Estoy tan seguro que ganaría, que le daría a mi adversario un golpe de ventaja....adelante.... ¡Hazlo!
Acaba con este loco...
Las mayores hazañas (a.k.a. Estupideces) se han hecho por amor. No digo que esto sea malo.
Es mejor hacer algo a no hacer nada. Tan simple como eso.
El sol me indica que estas pensando en mí.
De lo contrario, ¿por qué se molestaría en su rostro mostrar?
Sospecho que el amor no está aquí sólo para dar sin recibir. Vino, desgraciadamente, junto a él su primo feo y nos arruinó la fiesta en el Edén.
No hay premio sin sacrificio. No hay vida sin dolor.
No hay amor sin odio.
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Poesía
martes, 11 de agosto de 2009
Posibilidades de un hecho poco probable
por Xavier Uribe Muñoz
Aquella noche daban aproximadamente las 2:15 AM en su reloj marinero desgastado. Una de sus pocas reliquias que segundo a segundo parecía contar de a un millón las gotas de agua que atizaban sobre el techo de su cocina. A nadie, creo yo, se le hubiese ocurrido dar un paseo o siquiera asomarse por las empapadas calles a esas horas y siendo testigo al mismo tiempo de una tremenda tempestad que obviamente lo hizo dudar un poco antes de salir a dar su habitual paseo nocturno (más madrugador que nocturno en esta ocasión).
Simplemente y sin chistar se guardó bajo su manto, bebió un sorbo de vino y encendió su último cigarrillo del mes, teniendo en cuenta que aún no estaba lo suficientemente cerca para un fumador compulsivo de la fecha de pago en la fábrica pesquera donde trabajaba hace ya más de 32 años. Curiosamente agachó la vista antes de pisar el pavimento, como si no supiese que era sólida argamasa y no vacío lo que pisaría. Sin pensar más emprendió rumbo prácticamente por la acera, mirando de soslayo las tercas y sarcásticas vitrinas que ofrecían lo inaccesible. Simplemente se dejó interesar por el sonido de sus botas que ante la ausencia de cualquier individuo, automóvil o carruaje retumbaban en sus oídos. Sabía que si levantaba la vista, en sus ojos se reflejaría la perspectiva o el paisaje que constantemente, de lunes a sábado veía cuando se dirigía a su rutinario trabajo, quizás demasiado rutinario.
Demoró algo menos de 30 segundos en levantar la vista para observar intuitivamente la fábrica de café que fuese una primicia hace 15 años y 3 días atrás, lo recordaba tan claramente, tenía tan presente el 12 de julio... y como no, si el mismo día por una razón inexplicable de la vida su esposa y compañera se había marchado. Ahí está como de costumbre, emitiendo y soltando su característico aroma que a estas alturas ya detestaba, -o creo yo que detestaba desde el primer día-. Se sentía observado por el edificio a pesar de no detenerse ni pausar su andar para verlo, quizás se sentía observado por la intensidad de su misma mirada que se reflejaba en el ladrillo y discretamente lo atacaba. Altaneramente aceleró un poco el paso. Al mismo tiempo que veía su alargada silueta reflejada en el cemento por las luminarias, la misma aminoraba la velocidad del paso sin detenerse, racionalmente se alarmó, era ridículo y misterioso al mismo tiempo, como caminar hacia atrás sin darse cuenta de lo que acontece. El aceleraba su recorrer y su silueta disminuía el paso. Sacó una curiosa conclusión acerca del confuso hecho; pensó que hacer y resolver problemas a la rápida nos traen como resultado lentitud o más bien lentas consecuencias.
.
No se cuestionó más el suceso, quizás fue lo único que se cuestionó durante esa noche, crédulamente siguió su paso a una velocidad similar a la anterior. Sin voltear su cabeza ni mirar su sombra, desde ese entonces en adelante caminó erguido, con la cabeza en alto, entonces con medio cigarro humeado que seguramente se había perdido con el aroma que soltaba la fábrica de café vio delante de el, a unos calculables 10 metros un solitario caballo negro, que en medio de la inmensa noche lucía aún más oscuro. Parecía abandonado. Ningún caballo es solitario sino es abandonado ¿Quien podría desentenderse de tal criatura y dejarla aquí a estas horas? Sin discurrir acerca de lo que iba a hacer avanzó más rápidamente que en todo el paseo nocturno hacia el lado del animal, otra vez sin pensar, incluso menos, se aferró de la montura del potro y al no divisar fulano alguno, se montó sobre el rocín y se dirigió directamente a un precipicio en las afueras del pueblo, lugar poseedor de un hermoso paisaje en días soleados y donde había besado por última vez al prefacio de la ausencia. Inició el trote del cuadrúpedo hacia el lugar, de menos a más, de trote a galope, de galope a veloz corrida, arre!! bramaba en las calles el grito de quien había olvidado su oficio de trabajador de fábrica y que ahora era tan solo un jinete que galopeaba hacia un solo punto de llegada. Sentía como retumbaba el desbordante viento sobre sus oídos al momento de acercarse al abismo, como si el viento que hacía danzar su manto saliera de ahí mismo.
Con la mente en blanco, tan vacía como todas las botellas de morapio que guardaba en el cuerpo fue meramente bajando la velocidad, (Vislumbró como todo ser humano que si no frenaba simplemente caería por el precipicio) Miro hacia el cielo, con actitud de buscar una inhallable estrella fugaz mientras el agua caía abundante sobre su rostro, sencillamente descendió del caballo como en sus mejores tiempos de caballista y regresó -sin colegir que estaba llevando a cabo la misma acción de abandono que se había cuestionado algunos minutos atrás-.
Desconozco el lugar testigo de su vuelta al pueblo, el motivo o la razón por la cual decidió volver la ignoro también, es posible que pretendiera galopar hasta caer, tocar fondo y provocarse la muerte, quizás simplemente recordó que su copa de vino que reposaba sobre el mostrador de su cocina estaba media llena, quizás pensó que un domingo en la madrugada no es el mejor momento para suicidarse ya que siempre su filosofía de vida celebró esos días, posiblemente quiso ver una vez más la fábrica de café o quizás algunas cosas pasan por si solas y simplemente volvió, no lo sé, meramente volvió.
Link de Descarga: Posibilidades de un hecho poco probable, por Xavier Uribe Muñoz
Aquella noche daban aproximadamente las 2:15 AM en su reloj marinero desgastado. Una de sus pocas reliquias que segundo a segundo parecía contar de a un millón las gotas de agua que atizaban sobre el techo de su cocina. A nadie, creo yo, se le hubiese ocurrido dar un paseo o siquiera asomarse por las empapadas calles a esas horas y siendo testigo al mismo tiempo de una tremenda tempestad que obviamente lo hizo dudar un poco antes de salir a dar su habitual paseo nocturno (más madrugador que nocturno en esta ocasión).
Simplemente y sin chistar se guardó bajo su manto, bebió un sorbo de vino y encendió su último cigarrillo del mes, teniendo en cuenta que aún no estaba lo suficientemente cerca para un fumador compulsivo de la fecha de pago en la fábrica pesquera donde trabajaba hace ya más de 32 años. Curiosamente agachó la vista antes de pisar el pavimento, como si no supiese que era sólida argamasa y no vacío lo que pisaría. Sin pensar más emprendió rumbo prácticamente por la acera, mirando de soslayo las tercas y sarcásticas vitrinas que ofrecían lo inaccesible. Simplemente se dejó interesar por el sonido de sus botas que ante la ausencia de cualquier individuo, automóvil o carruaje retumbaban en sus oídos. Sabía que si levantaba la vista, en sus ojos se reflejaría la perspectiva o el paisaje que constantemente, de lunes a sábado veía cuando se dirigía a su rutinario trabajo, quizás demasiado rutinario.
Demoró algo menos de 30 segundos en levantar la vista para observar intuitivamente la fábrica de café que fuese una primicia hace 15 años y 3 días atrás, lo recordaba tan claramente, tenía tan presente el 12 de julio... y como no, si el mismo día por una razón inexplicable de la vida su esposa y compañera se había marchado. Ahí está como de costumbre, emitiendo y soltando su característico aroma que a estas alturas ya detestaba, -o creo yo que detestaba desde el primer día-. Se sentía observado por el edificio a pesar de no detenerse ni pausar su andar para verlo, quizás se sentía observado por la intensidad de su misma mirada que se reflejaba en el ladrillo y discretamente lo atacaba. Altaneramente aceleró un poco el paso. Al mismo tiempo que veía su alargada silueta reflejada en el cemento por las luminarias, la misma aminoraba la velocidad del paso sin detenerse, racionalmente se alarmó, era ridículo y misterioso al mismo tiempo, como caminar hacia atrás sin darse cuenta de lo que acontece. El aceleraba su recorrer y su silueta disminuía el paso. Sacó una curiosa conclusión acerca del confuso hecho; pensó que hacer y resolver problemas a la rápida nos traen como resultado lentitud o más bien lentas consecuencias.
.
No se cuestionó más el suceso, quizás fue lo único que se cuestionó durante esa noche, crédulamente siguió su paso a una velocidad similar a la anterior. Sin voltear su cabeza ni mirar su sombra, desde ese entonces en adelante caminó erguido, con la cabeza en alto, entonces con medio cigarro humeado que seguramente se había perdido con el aroma que soltaba la fábrica de café vio delante de el, a unos calculables 10 metros un solitario caballo negro, que en medio de la inmensa noche lucía aún más oscuro. Parecía abandonado. Ningún caballo es solitario sino es abandonado ¿Quien podría desentenderse de tal criatura y dejarla aquí a estas horas? Sin discurrir acerca de lo que iba a hacer avanzó más rápidamente que en todo el paseo nocturno hacia el lado del animal, otra vez sin pensar, incluso menos, se aferró de la montura del potro y al no divisar fulano alguno, se montó sobre el rocín y se dirigió directamente a un precipicio en las afueras del pueblo, lugar poseedor de un hermoso paisaje en días soleados y donde había besado por última vez al prefacio de la ausencia. Inició el trote del cuadrúpedo hacia el lugar, de menos a más, de trote a galope, de galope a veloz corrida, arre!! bramaba en las calles el grito de quien había olvidado su oficio de trabajador de fábrica y que ahora era tan solo un jinete que galopeaba hacia un solo punto de llegada. Sentía como retumbaba el desbordante viento sobre sus oídos al momento de acercarse al abismo, como si el viento que hacía danzar su manto saliera de ahí mismo.
Con la mente en blanco, tan vacía como todas las botellas de morapio que guardaba en el cuerpo fue meramente bajando la velocidad, (Vislumbró como todo ser humano que si no frenaba simplemente caería por el precipicio) Miro hacia el cielo, con actitud de buscar una inhallable estrella fugaz mientras el agua caía abundante sobre su rostro, sencillamente descendió del caballo como en sus mejores tiempos de caballista y regresó -sin colegir que estaba llevando a cabo la misma acción de abandono que se había cuestionado algunos minutos atrás-.
Desconozco el lugar testigo de su vuelta al pueblo, el motivo o la razón por la cual decidió volver la ignoro también, es posible que pretendiera galopar hasta caer, tocar fondo y provocarse la muerte, quizás simplemente recordó que su copa de vino que reposaba sobre el mostrador de su cocina estaba media llena, quizás pensó que un domingo en la madrugada no es el mejor momento para suicidarse ya que siempre su filosofía de vida celebró esos días, posiblemente quiso ver una vez más la fábrica de café o quizás algunas cosas pasan por si solas y simplemente volvió, no lo sé, meramente volvió.
Link de Descarga: Posibilidades de un hecho poco probable, por Xavier Uribe Muñoz
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Cuento
sábado, 18 de julio de 2009
En busca de un sentido
por Pablo Johnson
Amanecer
Al abrir los ojos se dio cuenta que ya no se encontraba en la comodidad de su cascarón, sino que había logrado atravesar sus delgadas paredes y había finalmente alcanzado el mundo exterior. ¿Qué extraño lugar es este? Se preguntó el pequeño animal. Todo era nuevo: la briza, la luz, el color, los olores, el calor; todo era hermoso y radiaba con la brillantez de lo desconocido, de lo que quedaba por descubrir.
Se tomó su tiempo en absorber aquello que lo rodeaba: la humedad del agua, el calor del sol, el cantar de las aves, todo su entorno. ¡Qué hermoso es el mundo! Exclamó jubiloso nuestro querido amigo, encantado por la naturaleza. ¡Qué alegría el vivir!
Pero repentinamente, de la nada y con la fuerza y sorpresa digna de un rayo, se dio cuenta: estaba solo. No hay nadie a mi lado con quien puedo compartir mi alegría. Dijo para sí el pobre animalito. Debo entonces buscar a otros como yo. Pero, ¿Cómo habría de saber quiénes eran como él si jamás se había visto a sí mismo? Lo tengo. Exclamó orgulloso. Nací de un huevo, así que es lógico que los que sean como yo también hayan nacido de huevos, así que he de buscar a quienes han salido de la misma forma que yo. Decidido y rebosante de esperanza, el pequeño animal comenzó su camino.
Mañana
No había pasado mucho tiempo desde que emprendió su búsqueda cuando escuchó un extraño ruido a la distancia, el cuál decidió investigar. Alguna pista es mejor que ninguna. Pensó con alegría. A medida que se acercaba a la fuente de aquel desconocido murmullo, este comenzaba a parecer más como un cacareo incesante, energético y estruendoso. ¿Qué será todo esto? Se preguntó el pequeño. Y lo que vio lo enmudeció de sorpresa: un centenar de extraños seres, cubiertos del vello más exótico que habría visto en su corta vida, apoyados en dos huesudas patas, con exóticas terminaciones del más intenso color rojo sobre su cabeza y que aleteaban sin cesar son dos extremidades superiores. Se movían como bailando a un ritmo inexistente, que sólo ellos parecían escuchar, mientras emitían un desagradablemente ensordecedor ruido desde su pico. Pero lo mejor de todo, y lo que llenó de sorpresa a nuestro amiguito, era que ponían los más hermosos huevos blancos, al igual que había sido el suyo propio.
Nuestro pequeño amigo saltó de alegría. ¡Qué hermoso regalo este encuentro! Exclamó mientras se acercaba a uno de ellos tímidamente. Hermano. Comenzó por decir. He regresado con ustedes, mi familia. El animal, conocido por nosotros como gallo, encaró al pequeño animal, lo miró despectivamente y soltó una horrible y maliciosa carcajada. Le dijo entonces: Tú no eres uno de nosotros; tu pico es plano y largo, mientras que el nuestro es pequeño y en forma de cono. Tu lugar no es con nosotros. Continuó. Sigue con tu camino. Y el gallo se alejó a carcajadas, dejando atrás al pequeño, decepcionado, frente a una poza de agua, donde pudo apreciar su extraño pico.
Tiene razón. Pensó. ¡Pero no importa! Y, tomando un hondo respiro, le dio la espalda a las gallinas. Por supuesto que no podía ser tan fácil. Se dijo a sí mismo. Todo lo bueno cuesta, y así se disfruta más aún. Así, con renovadas energías en inundado de esperanza aún más que antes, prosiguió con su camino.
Medio Día
No hace mucho que había dejado a las gallinas para continuar con su búsqueda que llegó a un gran lago, cubierto de juncos, acompañado de sauces y bañado, por irónico que sueñe, de las más diversas creaturas. El agua reflejaba su extraño pico, el cual miraba cada cierto tiempo, cuando no mantenía la vista en alto buscando a quienes podrían compartir este espacial rasgo.
¿Qué es eso de allí? Se dijo una de las tantas veces que levantó la mirada. Justo en ese momento uno de los tantos animales se alzaba en vuelo, para circular la laguna donde se encontraba. ¡Vuela! Qué emocionante. Pensó para sí. Debo acercarme más. Y así lo hizo; lento pero seguro, poco a poco, fue ganando terreno hacia la impresionante creatura que había visto hasta ese entonces. Ahora flotaba sobre el agua, majestuosamente, exhibiendo sus bellas alas, bañadas en agua. Y fue cuando se acercó que se dio cuenta: ¡Tienen el mismo pico que yo! Gritó exaltado. Finalmente puedo estar entre mi propia familia. Mientras lágrimas corrían por su rostro, también nuestro pequeño amigo lo hacía hacia quienes serían su familia.
¡Querida familia, he llegado! Dijo dirigiéndose a quien parecían ser sus semejantes. Pero ellos lo miraron extrañados, hasta que, tal cual el gallo minutos antes, soltaron burlescas carcajadas. ¿Qué pasa hermanos, acaso no me reconocen, no soy igual que ustedes? Preguntó, aún emocionado, pero perplejo también. Pero lo único que eso hizo fue aumentar la intensidad de su risa.
Uno de ellos se acercó entonces al pobre animal y le dijo: Tú no eres uno de nosotros; tu cola es larga y plana, mientras que nosotros apenas tenemos, tu piel no es como la nuestra. Tu lugar no es con nosotros. Continuó. Sigue con tu camino. Y emprendieron el vuelo, entre risas, abandonando a nuestro pequeño amigo.
Triste y desolado quedó el animalito, sin un lugar en el mundo, sin saber con quien compartir el vivir. Pero el mundo ya dejaba de ser lo que era en un comienzo, el viento estaba más helado, el sol irradiaba menos luz, el cielo más oscuro. Ya no creía que había tanto que compartir, ya no valía tanto la peno como solía hacerlo. Pero no puedo darme por vencido. Se decía a sí mismo. Después de todo por lo que he pasado, no puede ser que me dé por vencido ahora. Se llenaba de ira y tristeza por cada momento que pasaba. Tengo tanto que decirles. Y con todo esto en su corazón, nuestro pobre amigo continuó su camino.
Tarde
Abandonado por completo, nuestro amigo, algo agotado por su búsqueda infructuosa, bordeaba la laguna. Las risas del gallo y de los patos retumbaban en su cabeza, como una espina clavada en su piel, resaltando su soledad y el dolor consecuente. ¿Y ahora quién se parecerá a mí? ¿Dónde puedo encontraré a mi familia? Se preguntaba a sí mismo. Tengo mucho que decirles; debo liberar el dolor antes de que empeore.
En un punto del lago desembocaba un pequeño estero, y el lugar ahí mismo un montón de basura, madera y otras porquerías regulaban el paso del agua. ¿Qué extraño? Exclamó el pobre animal. Y se acercó a este lugar, despacio y con precaución, por si algo peligroso habitaba la basura. Y algo así sucedió. De entre la madera, basura y otros, emergieron varios animales de pelaje café y largos dientes, pero más importante aún, de colas exactamente iguales a las de nuestro amiguito. ¡Los encontré! Exclamó emocionado mientras corría con toda su fuerza hacia ellos, lleno de esperanza nuevamente, olvidando todo el rencor que en algún momento había guardado en su corazón. El mundo volvía a ser hermoso; el sol calentaba, el viento refrescaba, las nubes se desvanecían y el pequeño animal volvía a estar feliz. Aunque esto no habría de durar mucho.
¡Hermanos! Gritó con todas sus fuerzas mientras se acercaba a la represa donde había visto a sus posibles semejantes. Alégrense, que he vuelto. Los animales se miraron entre ellos y comentaron susurrando lo sucedido, hasta que uno de ellos tomó la palabra. ¿Quién eres? Comenzó preguntando. Porque jamás te hemos visto por estos lados. Tú no eres uno de nosotros, por mucho que parte de ti así lo evidencie. Continuó. Ahora vete que nosotros tenemos que volver a trabajar. Y volvieron a sus quehaceres. Dejando al pequeño destrozado a orillas del estero.
Atardecer
¿Acaso vale la pena? Se dijo a sí mismo. ¿Debo seguir buscando a gente como yo, tras toda la decepción y pena por las que he pasado? ¡Quizás ni existan y soy único en mi especie! Exclamó. Un interminable río de lágrimas acariciaba sus mejillas mientras se alejaba lo más rápido posible del lugar de su última desilusión. Creo que debería volver a donde nací y esperar la muerte tranquilamente, ya no me queda más por lo cual vivir. La vida está vacía. No hay una razón de ser, sino el sufrir para aceptar la muerte inevitable, para no añorar este mundo después de haberlo dejado. El cielo parecía más oscuro, la luz brillar menos, el agua menos refrescante, pero lo peor es que todo esto podría ser permanente. Ahora el mundo me muestra sus verdaderos colores, sin estar mediado por mis vanas ilusiones y esperanzas, imbéciles y sin sentido, que nublan mi pensar y sentir. Al volver a su lugar de origen, se acostó en el suelo y miró a su alrededor: árboles tapaban una considerable parte de la luz del sol, arbustos cubrían el suelo y el resto era tierra húmeda. Nada tan hermoso. Ahora sólo me queda esperar la muerte, liberadora, para poder salir de este basurero y estar en paz.
Inmerso en sus pensamientos mientras descansaba su cuerpo contra la húmeda tierra del bosque se encontraba nuestro amiguito, triste y abandonado, decepcionado y resentido, sin algo por lo que vivir. Pero en ese momento escuchó un ruido entre los arbustos justo al lado de él. Un depredador. Pensó. Mi fin se acerca, finalmente podré descansar. El ruido proveniente del arbusto se hacía cada vez más intenso, hasta que se detuvo, y de ellos salió la creatura más exótica que en su vida había visto. Tenía un pico de pato, una cola de castor, un cuerpo de pelos cortos y patas cortas y palmeadas.
¿Tú eres mi depredador? Inquirió nuestro pequeño amigo. ¿Depredador? Respondió el extraño animal. Se largó a reír tras la extraña pregunta del pequeño, como si fuese una broma cualquiera, lo que molestó al desilusionado animal. Si no vas a matarme vete. Dijo entonces. ¿Y por qué habría de matarte si somos familia? Dijo el extraño. ¿Familia dices? No tengo familia. Se irritaba cada vez más. Me abandonaron y tuve que buscarlos, fui rechazado por todos los animales posibles ¿Y ahora vienes a decirme que somos familia? El otro animal se acercaba a nuestro irritado amigo, sonriendo. ¿No te parece familiar mi pico o mi cola? A lo mejor necesitas que te muestre la cáscara del huevo por donde nací. Pero tú no temas, no me alejaré de ti ni aunque me lo pidas. Acarició el rostro del pequeño con su pata, mientras lágrimas corrían por el suyo. He buscado durante mucho tiempo a alguien como yo, al igual que tú, y también estaba por darme por vencida, pero al verte acá todo eso cambió, porque estás tú, porque encontré a quien había buscado por toda mi vida, y ahora, creo que nunca me separaré de ti. No estás sólo, y no lo estarás nunca, mientras te des cuenta que a tú alrededor siempre habrá alguien que te entienda y que te quiera por todas tus rarezas, y no a pesar de ellas.
Así fue como, ambos animales, conocidos como ornitorrincos por nosotros, se encontraron en el mismo lugar donde habían nacido, para comenzar un nuevo capítulo de sus vidas. Nunca más han de sentirse solos, nunca más estarán abandonados, ya que se encontraron, lograron hallar a quien fuese como ellos y quien los amase por como son, con toda su originalidad. El sol se ponía en el horizonte, iluminando por última vez su tierra, para dar comienzo a un nuevo ciclo y así, a una nueva historia.
Link de Descarga: En busca de un sentido, por Pablo Johnson
Amanecer
Al abrir los ojos se dio cuenta que ya no se encontraba en la comodidad de su cascarón, sino que había logrado atravesar sus delgadas paredes y había finalmente alcanzado el mundo exterior. ¿Qué extraño lugar es este? Se preguntó el pequeño animal. Todo era nuevo: la briza, la luz, el color, los olores, el calor; todo era hermoso y radiaba con la brillantez de lo desconocido, de lo que quedaba por descubrir.
Se tomó su tiempo en absorber aquello que lo rodeaba: la humedad del agua, el calor del sol, el cantar de las aves, todo su entorno. ¡Qué hermoso es el mundo! Exclamó jubiloso nuestro querido amigo, encantado por la naturaleza. ¡Qué alegría el vivir!
Pero repentinamente, de la nada y con la fuerza y sorpresa digna de un rayo, se dio cuenta: estaba solo. No hay nadie a mi lado con quien puedo compartir mi alegría. Dijo para sí el pobre animalito. Debo entonces buscar a otros como yo. Pero, ¿Cómo habría de saber quiénes eran como él si jamás se había visto a sí mismo? Lo tengo. Exclamó orgulloso. Nací de un huevo, así que es lógico que los que sean como yo también hayan nacido de huevos, así que he de buscar a quienes han salido de la misma forma que yo. Decidido y rebosante de esperanza, el pequeño animal comenzó su camino.
Mañana
No había pasado mucho tiempo desde que emprendió su búsqueda cuando escuchó un extraño ruido a la distancia, el cuál decidió investigar. Alguna pista es mejor que ninguna. Pensó con alegría. A medida que se acercaba a la fuente de aquel desconocido murmullo, este comenzaba a parecer más como un cacareo incesante, energético y estruendoso. ¿Qué será todo esto? Se preguntó el pequeño. Y lo que vio lo enmudeció de sorpresa: un centenar de extraños seres, cubiertos del vello más exótico que habría visto en su corta vida, apoyados en dos huesudas patas, con exóticas terminaciones del más intenso color rojo sobre su cabeza y que aleteaban sin cesar son dos extremidades superiores. Se movían como bailando a un ritmo inexistente, que sólo ellos parecían escuchar, mientras emitían un desagradablemente ensordecedor ruido desde su pico. Pero lo mejor de todo, y lo que llenó de sorpresa a nuestro amiguito, era que ponían los más hermosos huevos blancos, al igual que había sido el suyo propio.
Nuestro pequeño amigo saltó de alegría. ¡Qué hermoso regalo este encuentro! Exclamó mientras se acercaba a uno de ellos tímidamente. Hermano. Comenzó por decir. He regresado con ustedes, mi familia. El animal, conocido por nosotros como gallo, encaró al pequeño animal, lo miró despectivamente y soltó una horrible y maliciosa carcajada. Le dijo entonces: Tú no eres uno de nosotros; tu pico es plano y largo, mientras que el nuestro es pequeño y en forma de cono. Tu lugar no es con nosotros. Continuó. Sigue con tu camino. Y el gallo se alejó a carcajadas, dejando atrás al pequeño, decepcionado, frente a una poza de agua, donde pudo apreciar su extraño pico.
Tiene razón. Pensó. ¡Pero no importa! Y, tomando un hondo respiro, le dio la espalda a las gallinas. Por supuesto que no podía ser tan fácil. Se dijo a sí mismo. Todo lo bueno cuesta, y así se disfruta más aún. Así, con renovadas energías en inundado de esperanza aún más que antes, prosiguió con su camino.
Medio Día
No hace mucho que había dejado a las gallinas para continuar con su búsqueda que llegó a un gran lago, cubierto de juncos, acompañado de sauces y bañado, por irónico que sueñe, de las más diversas creaturas. El agua reflejaba su extraño pico, el cual miraba cada cierto tiempo, cuando no mantenía la vista en alto buscando a quienes podrían compartir este espacial rasgo.
¿Qué es eso de allí? Se dijo una de las tantas veces que levantó la mirada. Justo en ese momento uno de los tantos animales se alzaba en vuelo, para circular la laguna donde se encontraba. ¡Vuela! Qué emocionante. Pensó para sí. Debo acercarme más. Y así lo hizo; lento pero seguro, poco a poco, fue ganando terreno hacia la impresionante creatura que había visto hasta ese entonces. Ahora flotaba sobre el agua, majestuosamente, exhibiendo sus bellas alas, bañadas en agua. Y fue cuando se acercó que se dio cuenta: ¡Tienen el mismo pico que yo! Gritó exaltado. Finalmente puedo estar entre mi propia familia. Mientras lágrimas corrían por su rostro, también nuestro pequeño amigo lo hacía hacia quienes serían su familia.
¡Querida familia, he llegado! Dijo dirigiéndose a quien parecían ser sus semejantes. Pero ellos lo miraron extrañados, hasta que, tal cual el gallo minutos antes, soltaron burlescas carcajadas. ¿Qué pasa hermanos, acaso no me reconocen, no soy igual que ustedes? Preguntó, aún emocionado, pero perplejo también. Pero lo único que eso hizo fue aumentar la intensidad de su risa.
Uno de ellos se acercó entonces al pobre animal y le dijo: Tú no eres uno de nosotros; tu cola es larga y plana, mientras que nosotros apenas tenemos, tu piel no es como la nuestra. Tu lugar no es con nosotros. Continuó. Sigue con tu camino. Y emprendieron el vuelo, entre risas, abandonando a nuestro pequeño amigo.
Triste y desolado quedó el animalito, sin un lugar en el mundo, sin saber con quien compartir el vivir. Pero el mundo ya dejaba de ser lo que era en un comienzo, el viento estaba más helado, el sol irradiaba menos luz, el cielo más oscuro. Ya no creía que había tanto que compartir, ya no valía tanto la peno como solía hacerlo. Pero no puedo darme por vencido. Se decía a sí mismo. Después de todo por lo que he pasado, no puede ser que me dé por vencido ahora. Se llenaba de ira y tristeza por cada momento que pasaba. Tengo tanto que decirles. Y con todo esto en su corazón, nuestro pobre amigo continuó su camino.
Tarde
Abandonado por completo, nuestro amigo, algo agotado por su búsqueda infructuosa, bordeaba la laguna. Las risas del gallo y de los patos retumbaban en su cabeza, como una espina clavada en su piel, resaltando su soledad y el dolor consecuente. ¿Y ahora quién se parecerá a mí? ¿Dónde puedo encontraré a mi familia? Se preguntaba a sí mismo. Tengo mucho que decirles; debo liberar el dolor antes de que empeore.
En un punto del lago desembocaba un pequeño estero, y el lugar ahí mismo un montón de basura, madera y otras porquerías regulaban el paso del agua. ¿Qué extraño? Exclamó el pobre animal. Y se acercó a este lugar, despacio y con precaución, por si algo peligroso habitaba la basura. Y algo así sucedió. De entre la madera, basura y otros, emergieron varios animales de pelaje café y largos dientes, pero más importante aún, de colas exactamente iguales a las de nuestro amiguito. ¡Los encontré! Exclamó emocionado mientras corría con toda su fuerza hacia ellos, lleno de esperanza nuevamente, olvidando todo el rencor que en algún momento había guardado en su corazón. El mundo volvía a ser hermoso; el sol calentaba, el viento refrescaba, las nubes se desvanecían y el pequeño animal volvía a estar feliz. Aunque esto no habría de durar mucho.
¡Hermanos! Gritó con todas sus fuerzas mientras se acercaba a la represa donde había visto a sus posibles semejantes. Alégrense, que he vuelto. Los animales se miraron entre ellos y comentaron susurrando lo sucedido, hasta que uno de ellos tomó la palabra. ¿Quién eres? Comenzó preguntando. Porque jamás te hemos visto por estos lados. Tú no eres uno de nosotros, por mucho que parte de ti así lo evidencie. Continuó. Ahora vete que nosotros tenemos que volver a trabajar. Y volvieron a sus quehaceres. Dejando al pequeño destrozado a orillas del estero.
Atardecer
¿Acaso vale la pena? Se dijo a sí mismo. ¿Debo seguir buscando a gente como yo, tras toda la decepción y pena por las que he pasado? ¡Quizás ni existan y soy único en mi especie! Exclamó. Un interminable río de lágrimas acariciaba sus mejillas mientras se alejaba lo más rápido posible del lugar de su última desilusión. Creo que debería volver a donde nací y esperar la muerte tranquilamente, ya no me queda más por lo cual vivir. La vida está vacía. No hay una razón de ser, sino el sufrir para aceptar la muerte inevitable, para no añorar este mundo después de haberlo dejado. El cielo parecía más oscuro, la luz brillar menos, el agua menos refrescante, pero lo peor es que todo esto podría ser permanente. Ahora el mundo me muestra sus verdaderos colores, sin estar mediado por mis vanas ilusiones y esperanzas, imbéciles y sin sentido, que nublan mi pensar y sentir. Al volver a su lugar de origen, se acostó en el suelo y miró a su alrededor: árboles tapaban una considerable parte de la luz del sol, arbustos cubrían el suelo y el resto era tierra húmeda. Nada tan hermoso. Ahora sólo me queda esperar la muerte, liberadora, para poder salir de este basurero y estar en paz.
Inmerso en sus pensamientos mientras descansaba su cuerpo contra la húmeda tierra del bosque se encontraba nuestro amiguito, triste y abandonado, decepcionado y resentido, sin algo por lo que vivir. Pero en ese momento escuchó un ruido entre los arbustos justo al lado de él. Un depredador. Pensó. Mi fin se acerca, finalmente podré descansar. El ruido proveniente del arbusto se hacía cada vez más intenso, hasta que se detuvo, y de ellos salió la creatura más exótica que en su vida había visto. Tenía un pico de pato, una cola de castor, un cuerpo de pelos cortos y patas cortas y palmeadas.
¿Tú eres mi depredador? Inquirió nuestro pequeño amigo. ¿Depredador? Respondió el extraño animal. Se largó a reír tras la extraña pregunta del pequeño, como si fuese una broma cualquiera, lo que molestó al desilusionado animal. Si no vas a matarme vete. Dijo entonces. ¿Y por qué habría de matarte si somos familia? Dijo el extraño. ¿Familia dices? No tengo familia. Se irritaba cada vez más. Me abandonaron y tuve que buscarlos, fui rechazado por todos los animales posibles ¿Y ahora vienes a decirme que somos familia? El otro animal se acercaba a nuestro irritado amigo, sonriendo. ¿No te parece familiar mi pico o mi cola? A lo mejor necesitas que te muestre la cáscara del huevo por donde nací. Pero tú no temas, no me alejaré de ti ni aunque me lo pidas. Acarició el rostro del pequeño con su pata, mientras lágrimas corrían por el suyo. He buscado durante mucho tiempo a alguien como yo, al igual que tú, y también estaba por darme por vencida, pero al verte acá todo eso cambió, porque estás tú, porque encontré a quien había buscado por toda mi vida, y ahora, creo que nunca me separaré de ti. No estás sólo, y no lo estarás nunca, mientras te des cuenta que a tú alrededor siempre habrá alguien que te entienda y que te quiera por todas tus rarezas, y no a pesar de ellas.
Así fue como, ambos animales, conocidos como ornitorrincos por nosotros, se encontraron en el mismo lugar donde habían nacido, para comenzar un nuevo capítulo de sus vidas. Nunca más han de sentirse solos, nunca más estarán abandonados, ya que se encontraron, lograron hallar a quien fuese como ellos y quien los amase por como son, con toda su originalidad. El sol se ponía en el horizonte, iluminando por última vez su tierra, para dar comienzo a un nuevo ciclo y así, a una nueva historia.
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Cuento
Káriz y las hadas de la música
por Jamadier Esteban Uribe Muñoz
La luz del sol se colaba por entre las hojas de los arboles que cubrían el sendero que guiaba a los caminantes, por el bosque del Valle de las Hadas. Bajo los pies de Rafael se encontraba el camino, de tierra húmeda alfombrada por el césped, y delimitado por sus bordes de arboledas casi impenetrables, que enverdecían la visión de aquellos osados que se internaban en el frondoso paraje.
Para aquel entonces terminaba la primavera, por lo que no era raro, cruzarse en el andar, con hadas de la luz, que trabajaban arduamente para alargar los días.
No podía creer lo que estaba presenciando.
Había escapado hace ya dos lunas de palacio, no cargaba más que un poco de pan de hoja y la flauta heredada de su abuelo, que jamás conoció. Rafael era un joven noble sin muchas responsabilidades, no le interesaba ser un cortesano destacado (lo que encendía la cólera de su padre), ni mucho menos administrar las tierras, que el Rey, su futuro suegro, le había concedido a su familia. Sólo era feliz creando melodías, que sin su intención, enamoraban a las muchachas, ya hayan sido de la corte o del estado llano (la princesa del reino, entre otras), quienes las oían perdían la razón. Hasta que un día, cansado de las presiones y aterrorizado por el acoso de una princesa gorda y fea decidió escapar del reino, en busca de un sitio tranquilo para la música.
No me está permitido revelaros la ruta que el joven siguió hasta llegar al Valle de la Hadas, pues he comprometido mi palabra garantizando absoluta reserva de la ubicación de dicho lugar, por lo que me limitaré a relataros los sucesos que en el valle acontecieron.
No podía creer lo que estaba presenciando, un pequeño ser alado se le acercaba a vuelo ligero, era más grande que una mariposa y no tenía forma de pájaro, debía ser un hada y a juzgar por su blanca luminosidad, debía ser un hada de la luz, antes que el resplandor le encegueciera y a medida que con el vuelo se acortaba la distancia, Rafael logró distinguir una silueta femenina con cabellos dorados.
-Cerrad los ojos o quedareis ciego –le gritó el hada-
Nuestro joven protagonista le hizo caso de inmediato y se quedó inmóvil, con los ojos cerrados en medio del bosque, esperando que aquella mujer alada, que hasta ese entonces era un mito, le dijera que más hacer.
-Mi nombre es Jísara, tú has de ser Káriz ¿o me equivoco?, te estábamos esperando.
Rafael estaba estupefacto, por un momento pensó que se había vuelto loco o que el Diablo le asechaba, pero reaccionó de inmediato.
-No, soy Rafael, perdonadme, pero no creo que alguien por aquí me espere.
Aquella respuesta sorprendió mucho a Jísara, pues no es normal que los humanos se internen en el Valle de las Hadas sin que estas, en el fondo, no los hayan atraído, siempre con un propósito especial. Pensó que a lo mejor Kara, hada que le había pedido que escoltara a un tal Principe Káriz, se había equivocado de humano, pero decidió confirmarlo antes de expulsarlo del valle.
-Decidme si sois músico y si tu destino es ser Rey, si no daros media vuelta, marcharos y no digáis a nadie que habéis visitado el Valle de las Hadas.
Rafael aceptaba su condición de músico, era un flautista y muy bueno, de esos que tiene un talento natural, pero no había caído en razón, hasta entonces, de que al casarse con la Princesa se convertiría, tarde o temprano, en Rey. Tardó un poco en responder.
-Si, soy flautista e intento escapar de ser Rey.
-Entonces acompañadme –Le respondió Jísara. El hada se adelanto unos metros para que Rafael pudiera abrir los ojos y ambos emprendieron viaje-.
Él debía ser, quizás Kara se había equivocado de nombre, después de todo ¿Cuántos príncipes, humanos y flautistas existían en los alrededores del valle?
Rafael sabía que seguir a un hada desconocida, era probablemente una locura, pero de cualquier forma no quería volver a los dominios humanos para casarse y administrar tierras, por lo que siguió a Jísara sin mayor vacilación.
El joven estaba maravillado, se estaba adentrando cada vez más en el bosque y a la luz del día iba descubriendo, a medida que avanzaba, una infinidad de especies nuevas, que solo había oído nombrar en los cuentos, incluso se cruzó con un unicornio. El constante descubrir era acompañado del apacible cantar de los pájaros, que por una extraña razón le hacían una venia cuando él pasaba junto a ellos.
-Donde me llevas –Preguntó de pronto Rafael-
-Te llevo hasta el dominio de las hadas de la música. Kara, Reina de esa orden me ha pedido que te escolte hasta sus tierras.
-¿Para qué? –La curiosidad se devoraba al joven-
-No lo sé –Respondió Jísara- tú lo averiguaras cuando sea el momento.
Y siguieron camino callados, Rafael siempre muy atento a cada fenómeno nuevo y mágico que aparecía. Al cabo de unas horas de andar, Jísara se detuvo y su acompañante hizo lo mismo unos metros detrás de ella. El silencio inundó el bosque por unos segundos, Rafael no se atrevió a mover un músculo, estaba todo en calma, sólo se dedicó a observar; Ahora el bosque ya no era tan verde, a medida que se habían adentrado los arboles se habían hecho cada vez más altos, el color predomínate ahora era el café de los troncos que alcanzaban hasta un kilometro de altura, el sotobosque era abundante y el suelo era menos húmedo, ya no cubierto de pasto.
De pronto comenzó a sonar una música, parecía como si una filarmónica completa tocara desde los árboles, el joven distinguía arpas, flautas, clarinetes, pianos, guitarras, cornos, trompetas, a de más de otros tantos instrumentos, sin considerar los que jamás había escuchado. Juntos conformaban un hermoso sonar que acariciaban y estremecían, al mismo tiempo, todo el cuerpo de Rafael. Estaba pasmado, sentía que esa melodía era para él y sin pensarlo tomó su flauta y comenzó a esbozar notas precisas que embellecían aún más el coro instrumental. De lo alto vio bajar tres pequeñas luces moradas.
Sentía su cuerpo desbordado por un resplandor que provenía desde sus entrañas, que rebasaba los límites de su propia corporeidad y de pronto se desintegró.
Cuando abrió los ojos las tres luces aún estaban en descenso, más o menos a la misma altura, por lo que supuso que no habían transcurrido muchos segundos desde aquella extraña sensación. Se miró y se llevó una gran sorpresa, estaba desnudo, tendido sobre la túnica que vestía antes de que perdiera la conciencia, ahora le parecía gigante. Asustado se reincorporó de un salto y pudo apreciar que era del mismo tamaño de Jísara y no sólo eso, tenía alas, de un material muy peculiar, traslucido.
-Soy Kara, Reina de la Orden de las Hadas de la Música –Dijo una de las tres luces que ya llegaban a tierra- ellos son Kraw y Lizk –E indicó a los otros dos hadas que le acompañaban- Lo esperábamos Príncipe Káriz.
Rafael estaba confundido, no sabía ni cómo ni por qué había llegado a esa situación, más aún estaba seguro que todo era un error. Miró a la Reina Kara para pedirle una explicación pero esta y su escolta, al igual que Jísara y todas las hadas que tocaban desde los árboles, a las que se le sumaban los pájaros cantores y las criaturas del bosque estaban postradas ante él, rindiéndole pleitesía.
A un extremo del salón estaba sentado el Rey en su trono, se veía viejo y cansado, sus manos pulsaban por última vez las cuerdas del arpa de oro sobre la que se había compuesto toda la música de la humanidad. El piso de mármol reflejaba las llamas de las chimeneas que temperaban la habitación. Una lágrima resbaló por la mejilla izquierda del soberano, había fracasado, moriría y sin sucesores la orquesta dejaría de tocar. No se cansaba de aborrecer a aquel miserable humano que había hecho de su hija un objeto de palacio.
De improviso la guardia tocó las trompetas, le daban la bienvenida a la Reina, y enseguida, una melodía que no se había escuchado por más de una generación.
El Príncipe Káriz se arrodilló ante su abuelo, besó sus manos y el morado de ambos se fundió en la flauta del Hada menor.
Link de Descarga: Káriz y las hadas de la música, por Jamadier Esteban Uribe Muñoz
La luz del sol se colaba por entre las hojas de los arboles que cubrían el sendero que guiaba a los caminantes, por el bosque del Valle de las Hadas. Bajo los pies de Rafael se encontraba el camino, de tierra húmeda alfombrada por el césped, y delimitado por sus bordes de arboledas casi impenetrables, que enverdecían la visión de aquellos osados que se internaban en el frondoso paraje.
Para aquel entonces terminaba la primavera, por lo que no era raro, cruzarse en el andar, con hadas de la luz, que trabajaban arduamente para alargar los días.
No podía creer lo que estaba presenciando.
Había escapado hace ya dos lunas de palacio, no cargaba más que un poco de pan de hoja y la flauta heredada de su abuelo, que jamás conoció. Rafael era un joven noble sin muchas responsabilidades, no le interesaba ser un cortesano destacado (lo que encendía la cólera de su padre), ni mucho menos administrar las tierras, que el Rey, su futuro suegro, le había concedido a su familia. Sólo era feliz creando melodías, que sin su intención, enamoraban a las muchachas, ya hayan sido de la corte o del estado llano (la princesa del reino, entre otras), quienes las oían perdían la razón. Hasta que un día, cansado de las presiones y aterrorizado por el acoso de una princesa gorda y fea decidió escapar del reino, en busca de un sitio tranquilo para la música.
No me está permitido revelaros la ruta que el joven siguió hasta llegar al Valle de la Hadas, pues he comprometido mi palabra garantizando absoluta reserva de la ubicación de dicho lugar, por lo que me limitaré a relataros los sucesos que en el valle acontecieron.
No podía creer lo que estaba presenciando, un pequeño ser alado se le acercaba a vuelo ligero, era más grande que una mariposa y no tenía forma de pájaro, debía ser un hada y a juzgar por su blanca luminosidad, debía ser un hada de la luz, antes que el resplandor le encegueciera y a medida que con el vuelo se acortaba la distancia, Rafael logró distinguir una silueta femenina con cabellos dorados.
-Cerrad los ojos o quedareis ciego –le gritó el hada-
Nuestro joven protagonista le hizo caso de inmediato y se quedó inmóvil, con los ojos cerrados en medio del bosque, esperando que aquella mujer alada, que hasta ese entonces era un mito, le dijera que más hacer.
-Mi nombre es Jísara, tú has de ser Káriz ¿o me equivoco?, te estábamos esperando.
Rafael estaba estupefacto, por un momento pensó que se había vuelto loco o que el Diablo le asechaba, pero reaccionó de inmediato.
-No, soy Rafael, perdonadme, pero no creo que alguien por aquí me espere.
Aquella respuesta sorprendió mucho a Jísara, pues no es normal que los humanos se internen en el Valle de las Hadas sin que estas, en el fondo, no los hayan atraído, siempre con un propósito especial. Pensó que a lo mejor Kara, hada que le había pedido que escoltara a un tal Principe Káriz, se había equivocado de humano, pero decidió confirmarlo antes de expulsarlo del valle.
-Decidme si sois músico y si tu destino es ser Rey, si no daros media vuelta, marcharos y no digáis a nadie que habéis visitado el Valle de las Hadas.
Rafael aceptaba su condición de músico, era un flautista y muy bueno, de esos que tiene un talento natural, pero no había caído en razón, hasta entonces, de que al casarse con la Princesa se convertiría, tarde o temprano, en Rey. Tardó un poco en responder.
-Si, soy flautista e intento escapar de ser Rey.
-Entonces acompañadme –Le respondió Jísara. El hada se adelanto unos metros para que Rafael pudiera abrir los ojos y ambos emprendieron viaje-.
Él debía ser, quizás Kara se había equivocado de nombre, después de todo ¿Cuántos príncipes, humanos y flautistas existían en los alrededores del valle?
Rafael sabía que seguir a un hada desconocida, era probablemente una locura, pero de cualquier forma no quería volver a los dominios humanos para casarse y administrar tierras, por lo que siguió a Jísara sin mayor vacilación.
El joven estaba maravillado, se estaba adentrando cada vez más en el bosque y a la luz del día iba descubriendo, a medida que avanzaba, una infinidad de especies nuevas, que solo había oído nombrar en los cuentos, incluso se cruzó con un unicornio. El constante descubrir era acompañado del apacible cantar de los pájaros, que por una extraña razón le hacían una venia cuando él pasaba junto a ellos.
-Donde me llevas –Preguntó de pronto Rafael-
-Te llevo hasta el dominio de las hadas de la música. Kara, Reina de esa orden me ha pedido que te escolte hasta sus tierras.
-¿Para qué? –La curiosidad se devoraba al joven-
-No lo sé –Respondió Jísara- tú lo averiguaras cuando sea el momento.
Y siguieron camino callados, Rafael siempre muy atento a cada fenómeno nuevo y mágico que aparecía. Al cabo de unas horas de andar, Jísara se detuvo y su acompañante hizo lo mismo unos metros detrás de ella. El silencio inundó el bosque por unos segundos, Rafael no se atrevió a mover un músculo, estaba todo en calma, sólo se dedicó a observar; Ahora el bosque ya no era tan verde, a medida que se habían adentrado los arboles se habían hecho cada vez más altos, el color predomínate ahora era el café de los troncos que alcanzaban hasta un kilometro de altura, el sotobosque era abundante y el suelo era menos húmedo, ya no cubierto de pasto.
De pronto comenzó a sonar una música, parecía como si una filarmónica completa tocara desde los árboles, el joven distinguía arpas, flautas, clarinetes, pianos, guitarras, cornos, trompetas, a de más de otros tantos instrumentos, sin considerar los que jamás había escuchado. Juntos conformaban un hermoso sonar que acariciaban y estremecían, al mismo tiempo, todo el cuerpo de Rafael. Estaba pasmado, sentía que esa melodía era para él y sin pensarlo tomó su flauta y comenzó a esbozar notas precisas que embellecían aún más el coro instrumental. De lo alto vio bajar tres pequeñas luces moradas.
Sentía su cuerpo desbordado por un resplandor que provenía desde sus entrañas, que rebasaba los límites de su propia corporeidad y de pronto se desintegró.
Cuando abrió los ojos las tres luces aún estaban en descenso, más o menos a la misma altura, por lo que supuso que no habían transcurrido muchos segundos desde aquella extraña sensación. Se miró y se llevó una gran sorpresa, estaba desnudo, tendido sobre la túnica que vestía antes de que perdiera la conciencia, ahora le parecía gigante. Asustado se reincorporó de un salto y pudo apreciar que era del mismo tamaño de Jísara y no sólo eso, tenía alas, de un material muy peculiar, traslucido.
-Soy Kara, Reina de la Orden de las Hadas de la Música –Dijo una de las tres luces que ya llegaban a tierra- ellos son Kraw y Lizk –E indicó a los otros dos hadas que le acompañaban- Lo esperábamos Príncipe Káriz.
Rafael estaba confundido, no sabía ni cómo ni por qué había llegado a esa situación, más aún estaba seguro que todo era un error. Miró a la Reina Kara para pedirle una explicación pero esta y su escolta, al igual que Jísara y todas las hadas que tocaban desde los árboles, a las que se le sumaban los pájaros cantores y las criaturas del bosque estaban postradas ante él, rindiéndole pleitesía.
A un extremo del salón estaba sentado el Rey en su trono, se veía viejo y cansado, sus manos pulsaban por última vez las cuerdas del arpa de oro sobre la que se había compuesto toda la música de la humanidad. El piso de mármol reflejaba las llamas de las chimeneas que temperaban la habitación. Una lágrima resbaló por la mejilla izquierda del soberano, había fracasado, moriría y sin sucesores la orquesta dejaría de tocar. No se cansaba de aborrecer a aquel miserable humano que había hecho de su hija un objeto de palacio.
De improviso la guardia tocó las trompetas, le daban la bienvenida a la Reina, y enseguida, una melodía que no se había escuchado por más de una generación.
El Príncipe Káriz se arrodilló ante su abuelo, besó sus manos y el morado de ambos se fundió en la flauta del Hada menor.
Link de Descarga: Káriz y las hadas de la música, por Jamadier Esteban Uribe Muñoz
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Cuento
jueves, 16 de julio de 2009
Limones fluyendo útero
Estás agora delirando y balbuceando éter,Me he olvidado de la cisura de tu entrepierna
(Las araucarias están erectas, dispuestas) Mi miembro laxo cava alma de ciruelas
Invoca, de sangre en sangre
La zanja de luz que te penetre.
Es oneroso y desagradable el bulto que se mueve
Y llama ya a esas voces depravadas. La pantomima genital
Los abedules que se bañan en céfiro de verbos.
Quisiera ver tu sonrisa de avellanas
Y tu vientre -limón bien abierto- aullando tras botellas.
Llega la hora de tu piel desparramada,
Mientras Jesús y su padre fornican a María:
Color de cinturón, uvas verdes en la sotana
Y una pose sexual y amanerada.
¡Como chorrea vitalidad tergiversada!
La fruta podrida que amenaza con mano macabra,
Hendidura de manzanas oculta tras tus piernas
Quiero verte retirar esa corona de cráneo sublimado,
Los dientes clericales esperan tu fluido
Su lábil falo, como púa, busca horadar la miel que como.
¡Que el día ya se acerca!
Fatígate con camisa de centurias, de vaginas cerradas.
Ya cae en tu muslo el mar de sonrisas en tiniebla
No somos perfectos… Cerraré la puerta.
Francisco Vergara
Link de Descarga: Limos fluyendo útero, por Francisco Vergara
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Poesía
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