sábado, 18 de julio de 2009
En busca de un sentido
Amanecer
Al abrir los ojos se dio cuenta que ya no se encontraba en la comodidad de su cascarón, sino que había logrado atravesar sus delgadas paredes y había finalmente alcanzado el mundo exterior. ¿Qué extraño lugar es este? Se preguntó el pequeño animal. Todo era nuevo: la briza, la luz, el color, los olores, el calor; todo era hermoso y radiaba con la brillantez de lo desconocido, de lo que quedaba por descubrir.
Se tomó su tiempo en absorber aquello que lo rodeaba: la humedad del agua, el calor del sol, el cantar de las aves, todo su entorno. ¡Qué hermoso es el mundo! Exclamó jubiloso nuestro querido amigo, encantado por la naturaleza. ¡Qué alegría el vivir!
Pero repentinamente, de la nada y con la fuerza y sorpresa digna de un rayo, se dio cuenta: estaba solo. No hay nadie a mi lado con quien puedo compartir mi alegría. Dijo para sí el pobre animalito. Debo entonces buscar a otros como yo. Pero, ¿Cómo habría de saber quiénes eran como él si jamás se había visto a sí mismo? Lo tengo. Exclamó orgulloso. Nací de un huevo, así que es lógico que los que sean como yo también hayan nacido de huevos, así que he de buscar a quienes han salido de la misma forma que yo. Decidido y rebosante de esperanza, el pequeño animal comenzó su camino.
Mañana
No había pasado mucho tiempo desde que emprendió su búsqueda cuando escuchó un extraño ruido a la distancia, el cuál decidió investigar. Alguna pista es mejor que ninguna. Pensó con alegría. A medida que se acercaba a la fuente de aquel desconocido murmullo, este comenzaba a parecer más como un cacareo incesante, energético y estruendoso. ¿Qué será todo esto? Se preguntó el pequeño. Y lo que vio lo enmudeció de sorpresa: un centenar de extraños seres, cubiertos del vello más exótico que habría visto en su corta vida, apoyados en dos huesudas patas, con exóticas terminaciones del más intenso color rojo sobre su cabeza y que aleteaban sin cesar son dos extremidades superiores. Se movían como bailando a un ritmo inexistente, que sólo ellos parecían escuchar, mientras emitían un desagradablemente ensordecedor ruido desde su pico. Pero lo mejor de todo, y lo que llenó de sorpresa a nuestro amiguito, era que ponían los más hermosos huevos blancos, al igual que había sido el suyo propio.
Nuestro pequeño amigo saltó de alegría. ¡Qué hermoso regalo este encuentro! Exclamó mientras se acercaba a uno de ellos tímidamente. Hermano. Comenzó por decir. He regresado con ustedes, mi familia. El animal, conocido por nosotros como gallo, encaró al pequeño animal, lo miró despectivamente y soltó una horrible y maliciosa carcajada. Le dijo entonces: Tú no eres uno de nosotros; tu pico es plano y largo, mientras que el nuestro es pequeño y en forma de cono. Tu lugar no es con nosotros. Continuó. Sigue con tu camino. Y el gallo se alejó a carcajadas, dejando atrás al pequeño, decepcionado, frente a una poza de agua, donde pudo apreciar su extraño pico.
Tiene razón. Pensó. ¡Pero no importa! Y, tomando un hondo respiro, le dio la espalda a las gallinas. Por supuesto que no podía ser tan fácil. Se dijo a sí mismo. Todo lo bueno cuesta, y así se disfruta más aún. Así, con renovadas energías en inundado de esperanza aún más que antes, prosiguió con su camino.
Medio Día
No hace mucho que había dejado a las gallinas para continuar con su búsqueda que llegó a un gran lago, cubierto de juncos, acompañado de sauces y bañado, por irónico que sueñe, de las más diversas creaturas. El agua reflejaba su extraño pico, el cual miraba cada cierto tiempo, cuando no mantenía la vista en alto buscando a quienes podrían compartir este espacial rasgo.
¿Qué es eso de allí? Se dijo una de las tantas veces que levantó la mirada. Justo en ese momento uno de los tantos animales se alzaba en vuelo, para circular la laguna donde se encontraba. ¡Vuela! Qué emocionante. Pensó para sí. Debo acercarme más. Y así lo hizo; lento pero seguro, poco a poco, fue ganando terreno hacia la impresionante creatura que había visto hasta ese entonces. Ahora flotaba sobre el agua, majestuosamente, exhibiendo sus bellas alas, bañadas en agua. Y fue cuando se acercó que se dio cuenta: ¡Tienen el mismo pico que yo! Gritó exaltado. Finalmente puedo estar entre mi propia familia. Mientras lágrimas corrían por su rostro, también nuestro pequeño amigo lo hacía hacia quienes serían su familia.
¡Querida familia, he llegado! Dijo dirigiéndose a quien parecían ser sus semejantes. Pero ellos lo miraron extrañados, hasta que, tal cual el gallo minutos antes, soltaron burlescas carcajadas. ¿Qué pasa hermanos, acaso no me reconocen, no soy igual que ustedes? Preguntó, aún emocionado, pero perplejo también. Pero lo único que eso hizo fue aumentar la intensidad de su risa.
Uno de ellos se acercó entonces al pobre animal y le dijo: Tú no eres uno de nosotros; tu cola es larga y plana, mientras que nosotros apenas tenemos, tu piel no es como la nuestra. Tu lugar no es con nosotros. Continuó. Sigue con tu camino. Y emprendieron el vuelo, entre risas, abandonando a nuestro pequeño amigo.
Triste y desolado quedó el animalito, sin un lugar en el mundo, sin saber con quien compartir el vivir. Pero el mundo ya dejaba de ser lo que era en un comienzo, el viento estaba más helado, el sol irradiaba menos luz, el cielo más oscuro. Ya no creía que había tanto que compartir, ya no valía tanto la peno como solía hacerlo. Pero no puedo darme por vencido. Se decía a sí mismo. Después de todo por lo que he pasado, no puede ser que me dé por vencido ahora. Se llenaba de ira y tristeza por cada momento que pasaba. Tengo tanto que decirles. Y con todo esto en su corazón, nuestro pobre amigo continuó su camino.
Tarde
Abandonado por completo, nuestro amigo, algo agotado por su búsqueda infructuosa, bordeaba la laguna. Las risas del gallo y de los patos retumbaban en su cabeza, como una espina clavada en su piel, resaltando su soledad y el dolor consecuente. ¿Y ahora quién se parecerá a mí? ¿Dónde puedo encontraré a mi familia? Se preguntaba a sí mismo. Tengo mucho que decirles; debo liberar el dolor antes de que empeore.
En un punto del lago desembocaba un pequeño estero, y el lugar ahí mismo un montón de basura, madera y otras porquerías regulaban el paso del agua. ¿Qué extraño? Exclamó el pobre animal. Y se acercó a este lugar, despacio y con precaución, por si algo peligroso habitaba la basura. Y algo así sucedió. De entre la madera, basura y otros, emergieron varios animales de pelaje café y largos dientes, pero más importante aún, de colas exactamente iguales a las de nuestro amiguito. ¡Los encontré! Exclamó emocionado mientras corría con toda su fuerza hacia ellos, lleno de esperanza nuevamente, olvidando todo el rencor que en algún momento había guardado en su corazón. El mundo volvía a ser hermoso; el sol calentaba, el viento refrescaba, las nubes se desvanecían y el pequeño animal volvía a estar feliz. Aunque esto no habría de durar mucho.
¡Hermanos! Gritó con todas sus fuerzas mientras se acercaba a la represa donde había visto a sus posibles semejantes. Alégrense, que he vuelto. Los animales se miraron entre ellos y comentaron susurrando lo sucedido, hasta que uno de ellos tomó la palabra. ¿Quién eres? Comenzó preguntando. Porque jamás te hemos visto por estos lados. Tú no eres uno de nosotros, por mucho que parte de ti así lo evidencie. Continuó. Ahora vete que nosotros tenemos que volver a trabajar. Y volvieron a sus quehaceres. Dejando al pequeño destrozado a orillas del estero.
Atardecer
¿Acaso vale la pena? Se dijo a sí mismo. ¿Debo seguir buscando a gente como yo, tras toda la decepción y pena por las que he pasado? ¡Quizás ni existan y soy único en mi especie! Exclamó. Un interminable río de lágrimas acariciaba sus mejillas mientras se alejaba lo más rápido posible del lugar de su última desilusión. Creo que debería volver a donde nací y esperar la muerte tranquilamente, ya no me queda más por lo cual vivir. La vida está vacía. No hay una razón de ser, sino el sufrir para aceptar la muerte inevitable, para no añorar este mundo después de haberlo dejado. El cielo parecía más oscuro, la luz brillar menos, el agua menos refrescante, pero lo peor es que todo esto podría ser permanente. Ahora el mundo me muestra sus verdaderos colores, sin estar mediado por mis vanas ilusiones y esperanzas, imbéciles y sin sentido, que nublan mi pensar y sentir. Al volver a su lugar de origen, se acostó en el suelo y miró a su alrededor: árboles tapaban una considerable parte de la luz del sol, arbustos cubrían el suelo y el resto era tierra húmeda. Nada tan hermoso. Ahora sólo me queda esperar la muerte, liberadora, para poder salir de este basurero y estar en paz.
Inmerso en sus pensamientos mientras descansaba su cuerpo contra la húmeda tierra del bosque se encontraba nuestro amiguito, triste y abandonado, decepcionado y resentido, sin algo por lo que vivir. Pero en ese momento escuchó un ruido entre los arbustos justo al lado de él. Un depredador. Pensó. Mi fin se acerca, finalmente podré descansar. El ruido proveniente del arbusto se hacía cada vez más intenso, hasta que se detuvo, y de ellos salió la creatura más exótica que en su vida había visto. Tenía un pico de pato, una cola de castor, un cuerpo de pelos cortos y patas cortas y palmeadas.
¿Tú eres mi depredador? Inquirió nuestro pequeño amigo. ¿Depredador? Respondió el extraño animal. Se largó a reír tras la extraña pregunta del pequeño, como si fuese una broma cualquiera, lo que molestó al desilusionado animal. Si no vas a matarme vete. Dijo entonces. ¿Y por qué habría de matarte si somos familia? Dijo el extraño. ¿Familia dices? No tengo familia. Se irritaba cada vez más. Me abandonaron y tuve que buscarlos, fui rechazado por todos los animales posibles ¿Y ahora vienes a decirme que somos familia? El otro animal se acercaba a nuestro irritado amigo, sonriendo. ¿No te parece familiar mi pico o mi cola? A lo mejor necesitas que te muestre la cáscara del huevo por donde nací. Pero tú no temas, no me alejaré de ti ni aunque me lo pidas. Acarició el rostro del pequeño con su pata, mientras lágrimas corrían por el suyo. He buscado durante mucho tiempo a alguien como yo, al igual que tú, y también estaba por darme por vencida, pero al verte acá todo eso cambió, porque estás tú, porque encontré a quien había buscado por toda mi vida, y ahora, creo que nunca me separaré de ti. No estás sólo, y no lo estarás nunca, mientras te des cuenta que a tú alrededor siempre habrá alguien que te entienda y que te quiera por todas tus rarezas, y no a pesar de ellas.
Así fue como, ambos animales, conocidos como ornitorrincos por nosotros, se encontraron en el mismo lugar donde habían nacido, para comenzar un nuevo capítulo de sus vidas. Nunca más han de sentirse solos, nunca más estarán abandonados, ya que se encontraron, lograron hallar a quien fuese como ellos y quien los amase por como son, con toda su originalidad. El sol se ponía en el horizonte, iluminando por última vez su tierra, para dar comienzo a un nuevo ciclo y así, a una nueva historia.
Link de Descarga: En busca de un sentido, por Pablo Johnson
Káriz y las hadas de la música
La luz del sol se colaba por entre las hojas de los arboles que cubrían el sendero que guiaba a los caminantes, por el bosque del Valle de las Hadas. Bajo los pies de Rafael se encontraba el camino, de tierra húmeda alfombrada por el césped, y delimitado por sus bordes de arboledas casi impenetrables, que enverdecían la visión de aquellos osados que se internaban en el frondoso paraje.
Para aquel entonces terminaba la primavera, por lo que no era raro, cruzarse en el andar, con hadas de la luz, que trabajaban arduamente para alargar los días.
No podía creer lo que estaba presenciando.
Había escapado hace ya dos lunas de palacio, no cargaba más que un poco de pan de hoja y la flauta heredada de su abuelo, que jamás conoció. Rafael era un joven noble sin muchas responsabilidades, no le interesaba ser un cortesano destacado (lo que encendía la cólera de su padre), ni mucho menos administrar las tierras, que el Rey, su futuro suegro, le había concedido a su familia. Sólo era feliz creando melodías, que sin su intención, enamoraban a las muchachas, ya hayan sido de la corte o del estado llano (la princesa del reino, entre otras), quienes las oían perdían la razón. Hasta que un día, cansado de las presiones y aterrorizado por el acoso de una princesa gorda y fea decidió escapar del reino, en busca de un sitio tranquilo para la música.
No me está permitido revelaros la ruta que el joven siguió hasta llegar al Valle de la Hadas, pues he comprometido mi palabra garantizando absoluta reserva de la ubicación de dicho lugar, por lo que me limitaré a relataros los sucesos que en el valle acontecieron.
No podía creer lo que estaba presenciando, un pequeño ser alado se le acercaba a vuelo ligero, era más grande que una mariposa y no tenía forma de pájaro, debía ser un hada y a juzgar por su blanca luminosidad, debía ser un hada de la luz, antes que el resplandor le encegueciera y a medida que con el vuelo se acortaba la distancia, Rafael logró distinguir una silueta femenina con cabellos dorados.
-Cerrad los ojos o quedareis ciego –le gritó el hada-
Nuestro joven protagonista le hizo caso de inmediato y se quedó inmóvil, con los ojos cerrados en medio del bosque, esperando que aquella mujer alada, que hasta ese entonces era un mito, le dijera que más hacer.
-Mi nombre es Jísara, tú has de ser Káriz ¿o me equivoco?, te estábamos esperando.
Rafael estaba estupefacto, por un momento pensó que se había vuelto loco o que el Diablo le asechaba, pero reaccionó de inmediato.
-No, soy Rafael, perdonadme, pero no creo que alguien por aquí me espere.
Aquella respuesta sorprendió mucho a Jísara, pues no es normal que los humanos se internen en el Valle de las Hadas sin que estas, en el fondo, no los hayan atraído, siempre con un propósito especial. Pensó que a lo mejor Kara, hada que le había pedido que escoltara a un tal Principe Káriz, se había equivocado de humano, pero decidió confirmarlo antes de expulsarlo del valle.
-Decidme si sois músico y si tu destino es ser Rey, si no daros media vuelta, marcharos y no digáis a nadie que habéis visitado el Valle de las Hadas.
Rafael aceptaba su condición de músico, era un flautista y muy bueno, de esos que tiene un talento natural, pero no había caído en razón, hasta entonces, de que al casarse con la Princesa se convertiría, tarde o temprano, en Rey. Tardó un poco en responder.
-Si, soy flautista e intento escapar de ser Rey.
-Entonces acompañadme –Le respondió Jísara. El hada se adelanto unos metros para que Rafael pudiera abrir los ojos y ambos emprendieron viaje-.
Él debía ser, quizás Kara se había equivocado de nombre, después de todo ¿Cuántos príncipes, humanos y flautistas existían en los alrededores del valle?
Rafael sabía que seguir a un hada desconocida, era probablemente una locura, pero de cualquier forma no quería volver a los dominios humanos para casarse y administrar tierras, por lo que siguió a Jísara sin mayor vacilación.
El joven estaba maravillado, se estaba adentrando cada vez más en el bosque y a la luz del día iba descubriendo, a medida que avanzaba, una infinidad de especies nuevas, que solo había oído nombrar en los cuentos, incluso se cruzó con un unicornio. El constante descubrir era acompañado del apacible cantar de los pájaros, que por una extraña razón le hacían una venia cuando él pasaba junto a ellos.
-Donde me llevas –Preguntó de pronto Rafael-
-Te llevo hasta el dominio de las hadas de la música. Kara, Reina de esa orden me ha pedido que te escolte hasta sus tierras.
-¿Para qué? –La curiosidad se devoraba al joven-
-No lo sé –Respondió Jísara- tú lo averiguaras cuando sea el momento.
Y siguieron camino callados, Rafael siempre muy atento a cada fenómeno nuevo y mágico que aparecía. Al cabo de unas horas de andar, Jísara se detuvo y su acompañante hizo lo mismo unos metros detrás de ella. El silencio inundó el bosque por unos segundos, Rafael no se atrevió a mover un músculo, estaba todo en calma, sólo se dedicó a observar; Ahora el bosque ya no era tan verde, a medida que se habían adentrado los arboles se habían hecho cada vez más altos, el color predomínate ahora era el café de los troncos que alcanzaban hasta un kilometro de altura, el sotobosque era abundante y el suelo era menos húmedo, ya no cubierto de pasto.
De pronto comenzó a sonar una música, parecía como si una filarmónica completa tocara desde los árboles, el joven distinguía arpas, flautas, clarinetes, pianos, guitarras, cornos, trompetas, a de más de otros tantos instrumentos, sin considerar los que jamás había escuchado. Juntos conformaban un hermoso sonar que acariciaban y estremecían, al mismo tiempo, todo el cuerpo de Rafael. Estaba pasmado, sentía que esa melodía era para él y sin pensarlo tomó su flauta y comenzó a esbozar notas precisas que embellecían aún más el coro instrumental. De lo alto vio bajar tres pequeñas luces moradas.
Sentía su cuerpo desbordado por un resplandor que provenía desde sus entrañas, que rebasaba los límites de su propia corporeidad y de pronto se desintegró.
Cuando abrió los ojos las tres luces aún estaban en descenso, más o menos a la misma altura, por lo que supuso que no habían transcurrido muchos segundos desde aquella extraña sensación. Se miró y se llevó una gran sorpresa, estaba desnudo, tendido sobre la túnica que vestía antes de que perdiera la conciencia, ahora le parecía gigante. Asustado se reincorporó de un salto y pudo apreciar que era del mismo tamaño de Jísara y no sólo eso, tenía alas, de un material muy peculiar, traslucido.
-Soy Kara, Reina de la Orden de las Hadas de la Música –Dijo una de las tres luces que ya llegaban a tierra- ellos son Kraw y Lizk –E indicó a los otros dos hadas que le acompañaban- Lo esperábamos Príncipe Káriz.
Rafael estaba confundido, no sabía ni cómo ni por qué había llegado a esa situación, más aún estaba seguro que todo era un error. Miró a la Reina Kara para pedirle una explicación pero esta y su escolta, al igual que Jísara y todas las hadas que tocaban desde los árboles, a las que se le sumaban los pájaros cantores y las criaturas del bosque estaban postradas ante él, rindiéndole pleitesía.
A un extremo del salón estaba sentado el Rey en su trono, se veía viejo y cansado, sus manos pulsaban por última vez las cuerdas del arpa de oro sobre la que se había compuesto toda la música de la humanidad. El piso de mármol reflejaba las llamas de las chimeneas que temperaban la habitación. Una lágrima resbaló por la mejilla izquierda del soberano, había fracasado, moriría y sin sucesores la orquesta dejaría de tocar. No se cansaba de aborrecer a aquel miserable humano que había hecho de su hija un objeto de palacio.
De improviso la guardia tocó las trompetas, le daban la bienvenida a la Reina, y enseguida, una melodía que no se había escuchado por más de una generación.
El Príncipe Káriz se arrodilló ante su abuelo, besó sus manos y el morado de ambos se fundió en la flauta del Hada menor.
Link de Descarga: Káriz y las hadas de la música, por Jamadier Esteban Uribe Muñoz
jueves, 16 de julio de 2009
Limones fluyendo útero
Estás agora delirando y balbuceando éter,Me he olvidado de la cisura de tu entrepierna
(Las araucarias están erectas, dispuestas) Mi miembro laxo cava alma de ciruelas
Invoca, de sangre en sangre
La zanja de luz que te penetre.
Es oneroso y desagradable el bulto que se mueve
Y llama ya a esas voces depravadas. La pantomima genital
Los abedules que se bañan en céfiro de verbos.
Quisiera ver tu sonrisa de avellanas
Y tu vientre -limón bien abierto- aullando tras botellas.
Llega la hora de tu piel desparramada,
Mientras Jesús y su padre fornican a María:
Color de cinturón, uvas verdes en la sotana
Y una pose sexual y amanerada.
¡Como chorrea vitalidad tergiversada!
La fruta podrida que amenaza con mano macabra,
Hendidura de manzanas oculta tras tus piernas
Quiero verte retirar esa corona de cráneo sublimado,
Los dientes clericales esperan tu fluido
Su lábil falo, como púa, busca horadar la miel que como.
¡Que el día ya se acerca!
Fatígate con camisa de centurias, de vaginas cerradas.
Ya cae en tu muslo el mar de sonrisas en tiniebla
No somos perfectos… Cerraré la puerta.
Francisco Vergara
Link de Descarga: Limos fluyendo útero, por Francisco Vergara
martes, 14 de julio de 2009
Heteronormatividad, matrimonio y conflicto social
Una mirada a la problemática del matrimonio homosexual desde su concepción como estructura de poder heterosexual y reproductor de discursos normativos
Marjorie Céspedes y Pablo Johnson

Una introducción a la problemática
El tema de la homosexualidad es una problemática vigente en nuestro país y en el mundo entero. ¿Y en qué sentido es una problemática? Su misma forma de vida, junto a su actual manifestación pública, amenaza con romper con los esquemas tradicionales de la sociedad, consolidada sobre bases netamente hetero-normativas.
Como heteronormatividad podemos entender a la normalización desde las distintas estructuras sociales a partir de discursos que utilizan al cuerpo como mecanismo de control y de modulación de los sujetos; así, el “poder sobre la vida (…) [en] uno de sus polos (…) fue centrado en el cuerpo como máquina: su educación, el aumento de sus aptitudes, el arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento paralelo de su utilidad y su docilidad, su integración a sistemas de control eficaces y económicos, todo ello quedó asegurado por procedimientos de poder característicos de las disciplinas: anatomopolítica del cuerpo humano” (Foucault, 1995a, p. 168). De esta manera, en beneficio principalmente de los sistemas económicos, a los cuales se subordinan las estructuras políticas, encontramos un código binario de identificación heterosexual a través del cual se modula todo, absolutamente todo, a partir de lo masculino y lo femenino, como contrapartes complementarias y excluyentes.
He aquí la problemática fundamental: la exclusión de este sistema binario heterosexual de aquello que no encaja completamente con lo propuesto por estos discursos normativos. Así, vemos como la anatomopolítica del cuerpo se centra en identificar, a partir de ciertas características físicas, dentro de lo masculino y lo femenino, haciendo de la sexualidad un componente constituyente del sujeto; determinando por ende, su inserción a la esfera social de acuerdo a cómo se asume el rol de género que caracterizaría a su sexo. Como rol podemos entender a “aquel conjunto de conductas asociadas a una posición particular dentro de un grupo.” (Domènech, 2004, p. 392) El “(…) Conjunto de expectativas que los miembros del grupo comparten relativas a la conducta de una persona que ocupa una posición determinada en el grupo” (Hare, 1962, citado en Domèmech, 2004, p. 392). A partir de esta identidad se ejerce un poder normativo en los sujetos, el que facilitaría su docilidad a la luz de los mecanismos de control que le habrían de seguir.
Tomemos un ejemplo simple: digamos que uno nace con pene, por lo tanto, es hombre. Se le adjudican al sujeto un sinfín de características propias del rol masculino a partir de dicha característica física, por lo que, para lograr insertarse en la sociedad, se deben internalizar estas normas de género, para luego poder establecer relaciones de poder con los demás organismos de control.
Heteronormatividad y homosexualidadPodemos evidenciar a partir de lo mencionado anteriormente que la homosexualidad se cataloga desde la heterosexualidad, en vista de que “el suplemento (aquí homosexual) es lo que parece ser una adición a un término aparentemente original, pero del cual depende el supuesto original (heterosexual)” (Spargo, 2004, p. 60). Por lo mismo, es desde la normativa heterosexual, bajo la cual se rigen los discursos más poderosos (la iglesia católica, la medicina, la educación), que se categoriza a aquellos quienes rompen con la norma, para así fortalecer su posición como tal, al delimitar quienes son los que se encuentran fuera de ella. Esto por lo demás independiente de que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo se encuentren en todo tipo de cultura desde tiempos inmemorables, siendo la diferencia fundamental que en aquellos tiempos el acto en sí no era constitutivo de la persona, y que sus preferencias sexuales eran sólo un aspecto de su identidad como sujeto, no algo absolutamente determinante. Por supuesto que en la Grecia clásica la mujer se subordinaba al hombre, el cual dominaba en todas las esferas de la vida social; lo que sucede es que las relaciones entre personas del mismo sexo (más que nada entre hombres) tenían una connotación muy distinta a la que tienen hoy, ya que encontraban en ella la posibilidad de cortejo; podemos decir, entonces que “no reconocían en ella [amor de un griego tanto por una muchacha como, a la vez, por un muchacho] dos clases de “deseo”, dos “pulsiones” distintas o concurrentes que compartieran el corazón de los hombres o su apetito. Puede hablarse de su “bisexualidad” si pensamos en la libre elección que ellos se permitían entre los sexos, pero esta posibilidad no se refería para ellos a una doble estructura, ambivalente y “bisexual” del deseo” (Foucault, 1995b, p. 173). Sólo el hombre era libre para elegir, la mujer simplemente tenía que subordinarse, por lo que encontramos en una relación entre hombres la única posibilidad de una relación de poder en términos equitativos, de un juego, una danza.
La homosexualidad como concepto heteronormativo encuentra su antecedente más cercano a la moral cristiano-católica. Esta se ha preocupado de “llevar todo lo tocante al sexo al molino sin fin de la palabra. La prohibición de determinados vocablos, la decencia de las expresiones, todas las censuras al vocabulario podrían no ser sino dispositivos secundarios respecto de esa gran sujeción: maneras de tornarla moralmente aceptable y técnicamente útil. (…) Se ha construido un artefacto para producir discursos sobre el sexo, siempre más discursos, susceptibles de funcionar y de surtir efecto en su economía misma” (Foucault, 1995a, p. 29 – 32). De esta forma, el sujeto comienza a constituirse a sí mismo desde un discurso moral, cuya metafísica transciende al sujeto, tachando ciertos actos como desviados y perversos, en contraste de lo deseable o conveniente en relación a la auto superación y la templanza, desde el punto de vista clásico.
Pero el concepto de homosexualidad surge como tal desde la medicina y su subordinación al poder político y económico. Así, se tilda a quienes afectan negativamente a la producción por sus preferencias sexuales como anormales, ya no se habla del acto, sino de la persona que lo comete. De esta manera, este concepto pasa a ser utilizado como mecanismo de control de los sujetos, dentro de toda una gama de perversiones, para ilustrar aquello que se encuentra fuera de la norma, aquello que se considera como inmoral, con el fin de proteger de esta manera su sistema de producción.
Podemos plantear de entonces lo que podría llamarse como objetivo socioeconómico de la heteronormatividad, y resumirlo en dos palabras, que vendrían reiterando ya lo mencionado anteriormente: producción y reproducción. Comencemos por lo primero. Con producción se hace referencia a optimizar los sistemas económicos y la producción de bienes. ¿Y esto en qué sentido? En primer lugar, y lo más simple, es que, previa a la irrupción de la mujer al mundo laboral y en vista de que los hombres trabajaban juntos, la posibilidad de atracción entre sujetos habría de afectar negativamente la manera en que aquellos trabajaban, debido a la tensión sexual y a los distintos encuentros que podrían ocurrir entre ellos. En segundo lugar, otro de los objetivos de la norma heterosexual es enfocar el deseo y las relaciones sexuales en la reproducción de los sujetos, ya que teniendo más hijos habría, por un lado, más mano de obra (enfatizando la posición del proletariado) y, por otro lado, quien herede los negocios y empresas (potenciando la posición de la burguesía); esto habría tanto de aumentar la producción, volviendo más efectivo el sistema, y reproducir las estructuras sociales. Y por último, siguiendo la misma línea, esta canalización del deseo sexual tiene como consecuencia también un camino trazado para los distintos sujetos, resolviendo el problema del receptor de su deseo desde un comienzo, lo que permitiría que estos se enfocaran en otros asuntos, dados desde las estructuras de poder, permitiendo que se reproduzcan de la misma forma las relaciones de poder entre los sujetos y las estructuras.
Y es así, con el fin de proteger la hegemonía política y económica, que se categoriza a los individuos desde su sexualidad en femenino y masculino y, desde ello, en heterosexual y homosexual, cuando las distintas manifestaciones del deseo subjetivo se manifiesta de tal manera que amenaza dicho poder y la producción.
El matrimonio como estructura heteronormativa y el matrimonio homosexualEs a partir de la posición hegemónica que tiene esta heterosexualidad que se ejercen un sinfín de mecanismos de control por sobre los sujetos, alguno más claros que otros, disfrazados tras discursos moralizantes y normalizadores, obviamente.
Sólo nos queda decir que nos enfocaremos en uno fundamentalmente a raíz de la problemática actual, tanto en Chile como en el mundo: el matrimonio.
El matrimonio se define, en nuestro país, desde el Código Civil como "un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen actual e indisolublemente por toda la vida, con el fin de vivir juntos, de procrear y de auxiliarse mutuamente" (art. 102, Código Civil de Chile), y pasaría a ser el único medio legal a través del cual se puede formar una familia, siendo esta, a partir de la Constitución de 1980, “el núcleo fundamental de la sociedad” (Cap. 1, art.1, inciso 2, Constitución de la República de Chile); mientras que el diccionario de la Real Academia Española lo define de manera similar como una “unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales.” (http://www.rae.es). No es necesario indagar mucho en el tema, para darnos cuenta de la finalidad de este mecanismo, que no es más que un reproductor de la norma heterosexual, buscando así obtener el monopolio legal que habría de fundamentar sus objetivos socioeconómicos. Se intenta de esta forma hacer del hogar un reflejo del sistema normativo en donde la familia, por supuesto heterosexual, reproduzca aquellos “valores” planteados por las estructuras económico-políticas que se encuentran en la base de la sociedad, ya que de ello habría de depender el “correcto” funcionamiento de la maquinaria social. Es el mecanismo por excelencia ya que se encuentra presente constantemente durante la vida de los sujetos y se les encarga los elementos más fundamentales de la educación, por lo que gran parte del discurso anatomopolítico y biopolítico, entiéndase esto último como la concepción del “cuerpo transido por la mecánica de lo viviente y que sirve de soporte a los procesos biológicos: la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad, con todas las condiciones que pueden hacerlos variar; todos esos problemas los toma a cargo una serie de intervenciones y controles reguladores: una biopolítica de la población.” (Foucault, 1995a, p. 168), se enfoca en dirigir el desarrollo del núcleo familiar como instancia primigenia de socialización. Se canaliza el cuerpo y el deseo de los cuerpos de la manera más productiva posible, de tal forma que satisfaga las necesidades del sujeto tanto como las de la estructura social; en el fondo, otorgar placer físico (sexual) y, casi por extensión, emocional, a la vez que se cumple una función social: la introducción de más sujetos al mundo y su inserción a la rueda productora de la sociedad.
Así, vemos como el posible matrimonio entre personas del mismo sexo queda absolutamente excluido de la concepción de matrimonio, y pareciera ser completamente indeseable desde el sistema de producción heteronormativo; separación que se hace explícita en los conceptos: “un hombre y una mujer” y la procreación como fin. Es así también, como a los homosexuales no se le reconoce la posibilidad de formar en una familia, en vista de estas clausulas que no son capaces de cumplir.
A raíz de esta exclusión constante explicitada de más de una forma, las minorías sexuales se han pronunciado al respecto, en primer lugar organizándose en grupos como por ejemplo la Fedisech (Federación de la diversidad sexual chilena) la cual agrupa en ella a todas las organizaciones de gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros y transexuales; o también el Movilh (Movimiento de Integración y Liberación Homosexual) que es el grupo más activamente político, que se autodenomina como Movimiento chileno de minorías sexuales, el cual lleva 18 años en una lucha contra la discriminación de sus características en este código binario que rige nuestra sociedad.
De aquí nace una de las propuestas fundamentales y, a la vez, polémicas, a favor de la inclusión y reconocimiento del aporte a esta sociedad de estas minorías sexuales, un proyecto de ley de Matrimonio Homosexual, el cual inició su tramitación ingresando a la Cámara de Diputados en marzo del 2008. Este proyecto busca modificar el artículo 102 del Código Civil donde se define matrimonio, dejándolo de la siguiente forma: “contrato solemne entre dos personas que se unen actual e indisolublemente, y por toda la vida, con el fin de vivir juntos y de auxiliarse mutuamente”, quitando así todo componente demostrativo de la heterosexualidad que los excluye. Las minorías sexuales organizadas coincidieron en señalar “El matrimonio entre personas del mismo sexo es un sueño de gran parte de las parejas gays y lésbicas y esperamos que las autoridades debatan este tema de manera honesta y transparente, requisito indispensable para un correcto ejercicio de la democracia y un respeto integral a los derechos humanos, sin discriminación de ningún tipo”. Paralelamente a este proyecto se trabaja en un Pacto de Unión Civil (PUC), con el objeto de dotar a Chile de una ley que controle las relaciones de parejas convivientes heterosexuales y homosexuales, iniciativa que regula el régimen patrimonial, de sus seguros y sus herencias. A pesar de tener el apoyo de 150 organizaciones sociales y varios políticos, aun no inicia su tramitación en el Congreso Nacional por la falta del patrocinio del Ejecutivo. Es por esto que nos centraremos en el proyecto de ley descrito con anterioridad, “Proyecto de ley de Matrimonio Homosexual”, visto como un proceso de cambio social.
El cambio socialDesde Serge Moscovici, podemos decir que el cambio a nivel social es entendido como el proceso de innovación, que a su vez se explica como “un proceso de influencia social, que generalmente tiene por fuente una minoría o un individuo, que intenta, ya sea introducir o crear nuevas ideas, nuevos modos de pensamiento o comportamiento, o bien modificar ideas recibidas, actitudes tradicionales, antiguos modos de pensamiento o comportamiento” (Doms & Moscovici, 1984, p. 76). Entonces, podemos decir que el cambio social, para este autor, provendría de la influencia de las minorías que en este caso particular serían los grupos de sujetos que se encuentran fuera de la norma heterosexual, como aquellos representados por el Movilh. Para que estos ejerzan una verdadera influencia tienen que cumplir con ciertas características, como tener un punto de vista concreto, conciso y coherente además de poder plantearse en desacuerdo con la norma dominante, junto con “que su estilo, al resaltar su posición, sea percibido como el reflejo de su consistencia, de su seguridad y de su compromiso respecto a su punto de vista” (Doms & Moscovici, 1984, p. 92). Todo esto dependiente también del apoyo social de ambas partes, los movimientos de opinión de la mayoría y el contenido de lo que se propone.
Podemos ver, como las minorías sexuales de nuestro país cumplen con todos estos requisitos, al presentar un proyecto claro, demostrar una unidad entre sus miembros y un discurso bastante consistente comprometido con su punto de vista; a raíz de cómo su propia identidad se ve comprometida en este conflicto social. Entonces, si vemos presentes todas las condiciones que plantea Moscovici como determinante para un cambio social, ¿Por qué esto aún no ocurre? ¿Sucede acaso que el apoyo social de la mayoría es mucho? ¿Qué el de la minoría es muy poco? ¿Quizás el contenido del proyecto es poco claro? En definitiva, desde los planteamientos de Moscovici estas preguntas quedan sin responder, al igual que un sin número de temáticas fundamentales a la hora de explicar el cambio social. Por ello, habremos de tomar las críticas de Tomás Ibáñez para llegar a una conclusión más clara con respecto a esta problemática.
En vista de que Moscovici enfatiza la parte cognitiva de los procesos de cambio, instaurando una suerte de psicología socio-cognitiva, Ibáñez potencia lo netamente social, tratando de frente las relaciones de poder y los procesos de resistencia. Desde lo anterior podemos explicar las falencias de Moscovici.
Tomás Ibáñez, dentro de su crítica a la teoría de Moscovici, plantea que puede haber dos grandes razones por las cuales nos se ha llevado a cabo algún cambio explícito. El primero es lo que denomina miedo a la diferencia, como una presión social significativa por parte de la mayoría, que imposibilitaría el tomar la postura de la minoría en vista de la connotación negativa que esta tiene. Por lo que llegamos a que “el temor a la “diferencia” sólo existe porque ésta está sancionada socialmente. Prueba de ello es el hecho de que lo que importa al sujeto no es tanto “saberse diferente” cuanto “mostrarse diferente”” (Ibáñez, 1987, p. 275). Vemos entonces como el poder se encuentra presente en los conflictos sociales, tanto para crearlos como para bloquearlos. Así mismo, concordamos en que, para ejercer influencia, una minoría debe mostrarse consistente y debe plantearse firmemente sobre su posición. De esta forma, lanza un desafío a la norma mayoritaria, ejerciendo un poder sobre esta; lo que la lleva a plantearse uno de dos caminos: “eliminar a la fuente de protesta, lo que es costoso y a veces arriesgado, o bien coexistir con ella, lo que le obligará a desarrollar permanentemente un poder de contención de la desviación” (Ibáñez, 1987, p. 277). A diferencia de Moscovici, aquí se presenta a la mayoría como la base de todo cambio social, esto se debe a las relaciones de poder y la resistencia que se generaría en la minoría, lo que lleva a la mayoría a buscar una solución, como es intentar “absorver” este grupo minoritario con sus normas. El cambio en sí, surge de lo ya institucionalizado, siendo las minorías sólo un instrumento que explicita, reproduce y sólo redefine la evolución de la norma de esta sociedad mayoritaria heterosexual, a partir de la resistencia generada por dichas minorías en contra del poder ejercido por las estructuras normativas. Entonces decimos que todo cambo social depende de las relaciones de poder, que en este caso se ve reflejado en cómo interactuan las minorías sexuales de nuestro país, con esta sociedad mayoritaria heteronormativa; aquí podemos evidenciar que más que producir un verdadero cambio, la minoría pareciera buscar únicamente incluirse dentro de la norma ya establecida por esta mayoría. De esta forma se estaría adaptando ciertas clausulas y elementos específicos que signifiquen la “absorción” de estos grupos minoritarios, más que un cambio netamente estructural.
En definitva, “son los elementos de la mayoría los que adoptan y difunden las posiciones minoritarias, mientras eso no les ponga a ellos mismos en peligro” (Ibáñez, 1987, p. 283), lo que significaría que, al fin y al cabo, los cambios provienen no de la influencia de las minorías, como habría propuesto Moscovici, sino que desde lo ya institucionalizado, desde la mayoría y lo que habría de beneficiarlos, mientras que la resistencia de los grupos minoritarios se limita a explicitar y definir el cambio.
Aterrizando aquello al caso particular del proyecto de ley del matrimonio homosexual, propuesto por las organizaciones de las minorías sexuales, esto sería simplemente una reproducción de la norma heterosexual; un concepto ya institucionalizado y legitimado por esta mayoría social. La contemplación de este supuesto cambio nace a partir de la evolución de las mismas estructuras normativas, y no desde las propuestas y la presión ejercida por las minorías. Se reproducen de esta forma los mismos objetivos socioeconómicos de la heteronormatividad, incluyendo a la misma a quienes no se conciben dentro de ella.
Finalmente, podemos decir que la minoría sexual de nuestro país con su propuesta de matrimonio homosexual sólo está reproduciendo la norma, es así como su integrición en el sistema incluye una perdida de indentidad, ya que ellos en sí estan afuera de este codigo binario impuesto por la mayoría; pero en la práctica pareciese ser la única forma de avalar su existencia dentro de esta sociedad. Entonces ¿Hasta que punto estas propuestas teóricas permiten un práctica real y efectiva? ¿En qué medida la academización de lo social, extrapolada a esta problemática, posibilita una verdadera práxis? ¿Cuál es el camino que debemos tomar como sociedad?. Quizás de lo teórico a lo práctico y conveniente hay un paso gigante aun por descubrir.
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Foucault, M. (1995a). Historia de la Sexualidad (Vol. 1. La Voluntad de Saber). Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores.
Foucault, M. (1995b). Historia de la Sexualidad (Vol. 2. El Uso de los Placeres). Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores.
Ibáñez, T. (1987). Poder, conversión y cambio social. En S. Moscovici, G. Mugny, & J. A. Pérez (Edits.), La influencia social inconsciente (págs. 263 - 285). Barcelona: Anthropos.
Spargo, T. (2004). Foucault y la Teoría Queer. Barcelona: Gedisa Editorial.
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Fedisech, Federación de la diversidad sexual de chile (2008, 20 de Marzo). Ley de matrimonio homosexual inició tramitación parlamentaria en Chile. Extraído el sábado 4 de Julio de 2009 desde http://www.minoriassexuales.cl/?p=67
Movilh, movimiento de integración y liberación homosexual (n.d.). No Discriminación y Contrato de Unión Civil, PUC. Extraído el sábado 4 de Julio de 2009 desde http://www.movilh.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=492&Itemid=12
Biblioteca Nacional (n.d.). La familia: Matrimonio Civil. Extraído el 4 de Julio de 2009 desde http://www.bcn.cl/ecivica/mcivil
Link de Descarga: Heteronormatividad, matrimonio y conflicto social, por Marjorie Céspedes y Pablo Johnson
Sin Título
y las concepciones capitalistas de la pasión
naces tú destrozando realidades.
Y las bombas y la sangre
y los niños mutilados,
estorban y se olvidan
ante el asedio reaccionario
del amor.
Jamadier Esteban Uribe Muñoz
Link de Descarga: Sin Título, por Jamadier Esteban Uribe Muñoz



